Amalur
La Madre Tierra, origen primordial de toda vida en Euskal Herria. De su seno nacen los seres y a ella regresan al morir. Representa el vínculo sagrado entre los vascos y su territorio.
Las deidades ancestrales que gobiernan los elementos, la naturaleza y el destino en la cosmovisión de Euskal Herria. Seres supremos venerados durante milenios.
El panteón vasco representa una de las tradiciones religiosas más antiguas de Europa, anterior a la llegada del cristianismo y con raíces que se remontan al Paleolítico. A diferencia de otras mitologías, el sistema de creencias vasco gira en torno a una divinidad femenina suprema: Mari, la diosa madre que habita en las cuevas de las montañas más altas y controla los fenómenos atmosféricos. Su consorte, Sugaar, el espíritu serpentino del fuego y las tormentas, representa el principio masculino complementario.
Nota importante: A diferencia de otras mitologías clásicas, la mitología vasca no posee un panteón cerrado ni una jerarquía divina fija. Las fuentes son diversas —tradición oral, leyendas locales, estudios etnográficos— y a menudo presentan variaciones según la comarca o el autor. Por ello, iremos actualizando y ampliando estos datos conforme incorporemos nuevas investigaciones y testimonios.
Junto a estas divinidades principales, el panteón vasco incluye a Urtzi (o Ortzi), posible dios del cielo; a Eki (el Sol) e Ilargi (la Luna), considerados hijos de la Tierra; y a Amalur, la Madre Tierra misma, de quien surgen todos los seres. Estas deidades no demandaban templos ni sacerdotes organizados: la montaña, la cueva y el hogar eran sus lugares sagrados.
La Madre Tierra, origen primordial de toda vida en Euskal Herria. De su seno nacen los seres y a ella regresan al morir. Representa el vínculo sagrado entre los vascos y su territorio.
Señora suprema de cuevas y cimas, gobierna tormentas y justicia. Habita en Anboto, Txindoki y Aizkorri según las estaciones. Castiga la mentira, el robo y el incumplimiento de promesas.
Espíritu serpentino del fuego, consorte celeste de Mari. Cuando ambos se encuentran en las alturas, estallan tormentas. Cruza el cielo como dragón de fuego anunciando tempestades.
Antiguo dios del cielo cuyo nombre pervive en "ostirala" (viernes). Su voz es el trueno que retumba sobre los valles vascos. Representa la bóveda celeste y los fenómenos atmosféricos.
El Sol, hijo de Amalur, protector contra los seres de la noche. Su flor (eguzkilore) se coloca en puertas para ahuyentar el mal. Marca el límite entre el mundo de los vivos y las sombras.
La Luna, hermana del Sol, guía de los difuntos hacia el más allá. Rige los ciclos de siembra, cosecha y mareas del Cantábrico. Su luz plateada ilumina el camino de las almas errantes.
Hijo luminoso de Mari, encarna el bien y la sabiduría ancestral. Escapó de la cueva de su madre usando ingenio y astucia. Representa el orden moral y la armonía con la naturaleza.
Hermano oscuro de Atarrabi, representa el caos y la transgresión. Quedó atrapado en la cueva de Mari por su naturaleza perversa. Simboliza las fuerzas destructivas que amenazan el equilibrio.
El macho cabrío negro, protector del ganado en los caseríos vascos. Su presencia en el establo ahuyenta enfermedades y maleficios. Figura ambigua entre numen protector y símbolo de aquelarres.