Montes del Pirineo
Donde la niebla desciende sin aviso y los Intxixu aguardan.
— Cuando los Intxixu juegan con los viajeros —
Cuando la niebla baja espesa del monte, tapando los senderos conocidos y borrando los mojones familiares, los Intxixu despiertan para su pasatiempo favorito: hacer perder a los viajeros confiados. Sus risas agudas, como campanillas de cristal, resuenan entre la bruma sin que nadie pueda encontrar su origen.
Los ancianos de los caseríos cuentan que un caminante experimentado puede recorrer mil veces el mismo sendero, pero en cuanto escucha esa risa burlona entre la niebla, está perdido. Los Intxixu mueven las piedras señalizadoras, esconden los arroyos que servían de guía, y hacen que el monte parezca completamente desconocido.
Un viejo pastor de Lesaka contaba que una noche de niebla escuchó la risa tan cerca que sintió el roce de algo pequeño contra su pierna. Cuando miró hacia abajo, no vio nada, pero su bastón había desaparecido. Lo encontró a la mañana siguiente, clavado en la cima de un peñasco imposible de escalar.
La única defensa contra los Intxixu es sentarse donde uno está y esperar al amanecer. Dicen que con la primera luz del sol, los duendes se aburren y van a buscar nuevas víctimas. El viajero que intenta seguir caminando cuando las risas empiezan, puede vagar para siempre en un monte que ya no reconoce como suyo.
Donde la niebla desciende sin aviso y los Intxixu aguardan.
Caminos que desaparecen cuando las risas empiezan.