Encrucijadas rurales
Donde el bramido de Zezengorri resuena con más fuerza.
— El sonido que hiela la sangre en las encrucijadas —
Hay sonidos que no pertenecen a este mundo. El bramido de Zezengorri es uno de ellos: un mugido profundo y terrible que surge de ninguna parte y de todas partes a la vez, haciendo temblar las piedras del camino y helando la sangre de quien tiene la desgracia de escucharlo.
Los ancianos cuentan que Zezengorri bramaba para advertir, no necesariamente para atacar. Su mugido resonaba cuando alguien caminaba por donde no debía, a horas prohibidas, o cuando un pecador pasaba por una encrucijada sin detenerse a rezar. Era la voz de la noche recordando a los mortales que hay territorios que no les pertenecen.
Un arriero que transportaba contrabando de noche escuchó el bramido tan cerca que sintió el aliento caliente del toro en su nuca, como el soplo de una fragua. Abandonó la carga y corrió hasta su casa sin mirar atrás ni una sola vez, tropezando en la oscuridad pero sin detenerse.
Al día siguiente, encontró sus mercancías esparcidas por el camino, pero ni una sola huella de pezuña. Solo un olor a azufre que tardó días en desaparecer. El arriero abandonó el contrabando para siempre, convencido de que Zezengorri le había perdonado la vida solo aquella vez.
Donde el bramido de Zezengorri resuena con más fuerza.
Rutas donde el toro vigilaba a los transgresores.