Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Nafarroa / Gipuzkoa —
La Sierra de Aralar alberga una de las mayores concentraciones de monumentos megalíticos del País Vasco, con más de un centenar de dólmenes, cromlechs y túmulos catalogados. Este extraordinario patrimonio prehistórico convierte a la sierra en un auténtico museo al aire libre de la arquitectura funeraria neolítica.
Los megalitos de Aralar se distribuyen principalmente por las zonas de cumbre y los collados que conectan las distintas partes de la sierra. La estación megalítica de Alotza-Ataun, por ejemplo, agrupa varios dólmenes en un espacio reducido, sugiriendo que estas alturas fueron lugar de especial significación para las comunidades prehistóricas.
La construcción de estos monumentos, hace entre 5.000 y 3.000 años, requirió un esfuerzo colectivo considerable. Las grandes piedras debían ser transportadas, a menudo desde distancias significativas, y erigidas formando cámaras funerarias que acogerían los restos de generaciones sucesivas.
Hoy, los megalitos de Aralar pueden visitarse siguiendo rutas de senderismo que recorren la sierra. La combinación de pastoreo tradicional, bosques centenarios, leyendas de Mari y gentiles, y estos testimonios pétreos de nuestros antepasados más remotos hace de Aralar un lugar único para conectar con las raíces más profundas de la cultura vasca.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.