El Anillo Maldito

— La trampa del cíclope para sus prisioneros —


El anillo maldito de Tartalo

Ficha rápida

  • Lugar: Cueva de Tartalo, montañas vascas
  • Nombre en euskera: Eraztun madarikatua
  • Seres implicados: Tartalo, pastor astuto
  • Motivos: trampa, anillo, astucia, sacrificio
  • Cronología: Tradición oral inmemorial
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La Leyenda

Cuando el joven pastor logró cegar a Tartalo con la estaca ardiente, el cíclope enfurecido decidió cambiar de estrategia. Con voz melosa y fingida humildad, le ofreció un regalo de paz: un hermoso anillo de oro brillante. "Tómalo como disculpa por haberte capturado", dijo el gigante. "Es mágico y te traerá buena fortuna para siempre".

El joven pastor, desconfiado pero tentado por el brillo del oro, se puso el anillo en el dedo. En ese mismo instante, el anillo comenzó a gritar con una voz aguda e incesante: "¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!" El sonido resonaba por toda la cueva, revelando su posición exacta al monstruo ciego.

Tartalo, guiado por el sonido traicionero, se abalanzó sobre el pastor, que apenas logró esquivar sus enormes manos. El joven intentó quitarse el anillo desesperadamente, pero estaba pegado a su dedo como si formara parte de su propia carne. Ninguna fuerza podía arrancarlo.

Solo le quedaba una opción terrible: con el cuchillo que llevaba en el cinto, se amputó el dedo anular de un solo tajo y arrojó el anillo gritón hacia un precipicio cercano. Tartalo se lanzó tras el sonido y cayó al abismo sin fondo. El pastor, sangrando pero victorioso, había derrotado al monstruo usando su propia trampa en su contra.

Lugares asociados

Cueva de Tartalo

Cueva de Tartalo

Donde el cíclope ofreció el anillo maldito al pastor.

Precipicio

El precipicio fatal

Donde cayó Tartalo persiguiendo el sonido del anillo.

Criaturas relacionadas

Fuentes y documentación

  • J.M. Barandiaran (1972): Mitología Vasca
  • W. Webster: Basque Legends
  • Tradición oral de Euskal Herria

El brillante anillo traicionero en las frías sombras de la cueva

Resguardado colosal e inmenso aguarda en las frías y silenciosas cuevas altas y pedregosas el temible cíclope antropófago vasco llamado Tartalo. La trampa más despiadada y dolorosa ineludible que idea taimadamente para apresar y devorar a los asustadizos jóvenes descarriados consiste siempre infaliblemente en la engañosa ofrenda letal de una llamativa sortija joya resplandeciente mágica.

Hipnotizados ciegos maravillados inocentemente tontos, los temblorosos tiernos humanos inmaduros acceden trágicos fatídicos irremediablemente a ceñir el letal aro dorado en sus inexpertos cálidos débiles nudillos asustadizos de las falanges temblorosas creyendo tristemente estar finalmente liberados del espeluznante horror en la húmeda lúgubre mazmorra oscura asquerosa ensangrentada.

El indeseable y chirriante eco respondón aquí estoy

La sortija hechicera adquiere repentina traicionera forma vital mágica letal cantando ruidosamente una voz sobrenatural exclamando repetidamente su ubicación delatadora inexorable. Ante los estruendosos furiosos lejanos y fieros bramidos ansiosos de hambre del tuerto gigante corriendo buscando cazar a ciegas, el oro traidor sella funestamente ruidoso asquerosamente su sentencia traicionando al pobre muchacho inocente.

Amputando desgarrando sangrientamente dolorosamente valiente intrépido seguro el niño inexperto su propio nudillo apéndice asustadizo humano, consigue heroico veloz y milagrosamente audaz salvador arrojar compungido desesperado lejos de sí al precipicio frío oscuro profundo misterioso abismal la odiosa engañosa joya brillante dorada perversa salvándose así trágicamente eludiendo evadiendo gloriosamente victoriosamente felizmente las asquerosas grandes fauces.