
Pirineos occidentales
Donde habitan los Tartalo en sus cuevas.
— Tartalo, el gigante de un solo ojo que devora humanos —
Tartalo es el cíclope vasco, un gigante con un solo ojo en mitad de la frente que habita en las cuevas más profundas y oscuras de los Pirineos. Su parecido con Polifemo, el cíclope de la Odisea de Homero, ha fascinado a los estudiosos del folclore durante siglos.
Las similitudes entre ambos mitos son asombrosas: ambos son pastores solitarios de ovejas, ambos viven en cuevas remotas, ambos devoran a los humanos que se cruzan en su camino sin piedad. Y en ambas tradiciones, el héroe escapa cegando al monstruo y huyendo escondido bajo el vientre lanoso de una oveja.
¿Viajó el mito desde la antigua Grecia hasta los Pirineos con los marineros que comerciaban por el Mediterráneo? ¿O acaso el mito vasco es más antiguo, y fue Homero quien adaptó la historia que escuchó de los marineros que navegaban hasta las costas vascas?
Los investigadores continúan debatiendo, pero lo cierto es que Tartalo sigue siendo una presencia viva en la memoria del pueblo vasco, un recuerdo de tiempos remotos en que los gigantes de un solo ojo eran tan reales como las montañas donde habitaban.

Donde habitan los Tartalo en sus cuevas.

Los hogares oscuros de los cíclopes.
Erigiéndose temible colosal rudo pavoroso fuerte fiero sobre las salvajes escarpadas cumbres vírgenes misteriosas rocosas montañosas nubladas inaccesibles, el gigantesco cíclope antropófago Tartalo aterrorizaba implacablemente a los desprevenidos y tristes pastores solitarios humanos miedosos. Su inconfundible fealdad macabra y su voracidad asesina sanguinariamente cruel lo encumbraron rápido irremediablemente cruelmente como el monstruo mitológico euskaldun predilecto de pesadilla sombría nocturna.
Arrastrando fiero letal amenazante violento brutalmente los inmensos viejos pesados peludos toscos cuerpos sangrantes gimiendo agonizantes mutilados o acorralados humanos hasta su enorme guarida gruta pedregosa húmeda asquerosa apestosa lúgubre impenetrable trágica. Custodiaba la boca de la cueva con inmensas impenetrables mágicas macizas pesadas grandiosas milenarias oxidadas piedras calizas herméticas bloqueando cruel ineludible forzosamente dolorosamente cualquier gloriosa escapatoria salvadora humana terrenal asustada despavorida mágica.
Imposibilitados forzosamente trágicamente impotentes de igualar batallar pelear cruentamente fiera y valerosamente al inmenso colosal apabullante y fuerte gigante monstruoso demente carnívoro cíclope colosal divino, los jóvenes y frágiles valerosos mozos apresados debieron agudizar heroicamente inteligentemente socarronamente agudamente sutil y mágicamente su asombroso diminuto oculto desesperado instinto vital.
Cegándolo astutamente dolorosamente sangrientamente quemantemente aprovechando fiera sutil secretamente milagrosamente cobardemente su profundo pesado oscuro ruidoso sueño confiado o escapando mágicamente veloces milagrosamente abrazados sumisos envueltos silenciosamente valientemente camuflados entre el abundante y rizado espeso velludo manto lanar de las enormes pacíficas ovejas colosales cautivas. Demostrando inmemorial gloriosa y legendariamente siempre rotundamente incuestionablemente heroicamente que la agudeza valiosa certera e intelecto humano rústico vence derrota doblega inevitable gloriosa fatalmente a la tosquedad ciega y bruta furibunda ignorante de la sombría violenta inmensurable arcaica fiera desmesurada salvaje colosal antigua bestezuela.