Cuevas de montaña
Guaridas donde Tartalo encierra a sus víctimas para devorarlas.
— El cíclope caníbal —
Tartalo, también llamado Torto, es un gigante de un solo ojo de la mitología vasca. Los relatos lo describen como un ser que vive en cuevas y devora a quienes captura.
Cuando se habla del «significado de Tartalo», se suele buscar quién es este personaje. No debe confundirse esa explicación con una traducción literal demostrada de su nombre. Su enfrentamiento con un joven aparece en la leyenda del anillo de Tartalo.
Guaridas donde Tartalo encierra a sus víctimas para devorarlas.
Las cumbres más altas donde habita el temible cíclope.
Donde los pastores deben cuidarse de caer en territorio del monstruo.
Barandiarán recoge el personaje con los nombres Torto y Tártalo. La semejanza con otros cíclopes no demuestra por sí sola que su nombre derive del griego.
Las leyendas del Tartalo se concentran en Navarra y Gipuzkoa. Su característica de cíclope y su derrota mediante la astucia son elementos universales presentes en múltiples culturas del Mediterráneo.
Cómo un pastor cegó a Tartalo y escapó bajo una oveja.
El anillo que grita "aquí estoy" delatando al que huye del gigante.
Los horrores que aguardan a quienes caen prisioneros de Tartalo.
Origen y naturaleza del temible gigante de un solo ojo.
Encarnando uno de los miedos primordiales de cualquier pastor solitario atrapado en la inmensidad oscura, Tartalo (conocido indistintamente como Torto o Alarabi en diversas vertientes vizcaínas y guipuzcoanas) emerge como una incesante máquina monstruosa carnívora dentro del imaginario de la mitología vasca.
Este cíclope o bestia monstruosa desproporcionada de la lejanía atlántica guarda siniestros e indiscutibles paralelismos con el mítico gigante Polifemo pergeñado en la epopeya heroica griega de La Odisea de Homero, constituyendo un rastro literario continental antiquísimo y fascinante.
Tartalo reside perennemente en habitáculos montañosos oscuros, preferiblemente inmensas cavernas frías enclavadas en altitud, apartado por siempre de la empatía humana. Es descrito inamoviblemente como un coloso robusto, poseedor de una fuerza irrefrenable pero condicionalmente ciego por albergar un único y redondo ojo fulminante posado ferozmente en la parte central de su tosca frente abultada.
Su rasgo conductual invariable es, por desgracia, su aterradora e incansable antropofagia (costumbre caníbal). Disfruta de la caza sádica engañando o esperando a los jóvenes inexpertos leñadores aldeanos que en busca de cobijo por la densa niebla vasca caen fatigosamente sin poder escapar de su recóndita gruta trampa.
El grueso de los relatos del monstruo vasco Tartalo centran el nudo narrativo en una desesperante lucha mortal lúdica fundamentada en la astucia humana, similar en lances a Hércules o Ulises. El patrón de leyenda versa sobre cómo un cazador inteligente a punto de ser asado aprovecha el adormecimiento letárgico del gigante y atraviesa el ojo único espetándole con saña una gruesa estaca al rojo vivo al fuego.
Tartalo encolerizado intentará darle caza, entregando entonces, maliciosamente engañado, un llamativo anillo maldito de oro (de alto calado mágico). Quien porta ese oscuro y trágico anillo grita sin remedio ante el amo ciego "*Hemen nago! Hemen nago!*" (¡Aquí estoy, aquí estoy!). Los cuentos delatan cómo la audacia de los pastores (en muchos casos llegando a la brutal amputación heroica del propio dedo infestado con un tajo hacha o espada tirándolo a una sima vacía de abismo para hundir engañado a su opresor) permite la liberación de la estirpe humana gracias a la superación heroica incesante.