Cuevas de montaña
Las moradas del Tartalo en las profundidades de la tierra.
— El monstruo de un solo ojo y la astucia humana —
Tartalo era un gigante de un solo ojo que habitaba en las cuevas de las montañas. Al igual que el Polifemo griego, capturaba a viajeros y pastores para devorarlos. Su enorme ojo, situado en el centro de la frente, brillaba en la oscuridad de su guarida.
Un día, Tartalo atrapó a un joven pastor y lo encerró en su cueva junto a otros prisioneros. Pero el muchacho era listo y trazó un plan. Mientras el cíclope dormía, calentó un asador al fuego hasta que estuvo al rojo vivo y se lo clavó en el único ojo, dejándolo ciego.
El pastor intentó escapar, pero antes el Tartalo le había regalado un anillo mágico. Cuando el joven se lo puso, el anillo comenzó a gritar sin cesar: "¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!". El cíclope ciego, siguiendo el sonido, perseguía a su presa sin descanso.
Solo cortándose el dedo y arrojándolo a un precipicio consiguió el pastor librarse del objeto maldito y escapar con vida. La leyenda enseña que la astucia supera a la fuerza, pero también advierte de los peligros de aceptar regalos de los monstruos.
Destrozando musgos, quebrando enormes ramas húmedas tupidas y aplastando todo obstáculo lluvioso del frondoso agreste monte cantábrico, clama ciego y hambriento el inmenso Tartalo. Este feroz cíclope vasco antropófago tuerto, asqueroso y sanguinario es indudablemente uno de los más grandes terrores folclóricos de las noches ancestrales remotas pastoriles en los primitivos y despoblados valles oscuros de la cordillera inexpugnable.
Entre los innumerables y macabros restos de sus asustadas víctimas humanas guardaba taimadamente un llamativo, reluciente e irresistible anillo de oro bruñido. Aquel brillante amuleto hechicero era entregado falsamente por la enorme bestia cíclope de un solo ojo como un obsequio fingido engañoso letal traidor amigable aparente para despistar, seduciendo fácilmente la inmensurable vanidad o desesperación de los jóvenes cautivos despistados temblorosos inexpertos aterrorizados.
Una vez posado ingenuamente sobre la frágil falange humana incauta asustada y temblorosa, la vistosa sortija enjoyada dorada adquiría repentinamente una horrorosa consciencia autónoma diabólica inesperada estridente aguda letal y maliciosa. Ante cualquier mínimo rastreo fiero lejano enfurecido retumbante del ciego gigante buscando cazar vengativo o encolerizado a su ansiada pieza cárnica perdida furibundo insaciable ronco brutal asesino.
La trágica y chillona sortija metálica fina traidora comenzaba forzosamente a gritar delatando y cantando pertinazmente clara incesante "¡Aquí estoy yo, aquí sigo!". Conduciendo irremediablemente a las infalibles fauces hambrientas del monstruo, provocaba que el trágico desesperado asustado mozo lloroso arrinconado perdido solamente lograse salvar su valiosa inocente vida humana tajando amputando sangrientamente cortando heroicamente su mismo dedo maldecido atascado para arrojarlo rápidamente gimiendo por el cercano abismo frío traicionero profundo salvador.