Dólmenes de Aralar
Monumentos megalíticos atribuidos a la fuerza de los Jentilak.
— Gigantes precristianos —
Jentilak era una raza de gigantes que habitó estas tierras antes de la llegada del cristianismo. Construían dólmenes, crómlech y menhires lanzando piedras enormes entre montañas como si fueran guijarros. Su fuerza descomunal les permitía realizar hazañas imposibles para los mortales comunes.
Huyeron despavoridos al ver brillar en el cielo la estrella que anunciaba a Kixmi (Cristo), arrojándose bajo un dolmen en Aralar. Solo el más viejo de todos, Olentzero, quedó para transmitir la noticia del nuevo mundo que nacía. Los monumentos megalíticos del País Vasco son el testimonio pétreo de su legendaria existencia.
Monumentos megalíticos atribuidos a la fuerza de los Jentilak.
Las montañas donde habitaban los gigantes antes de la cristianización.
Círculos de piedra que los Jentilak levantaron lanzando rocas.
El nombre Jentil deriva del latín gentilis (pagano, gentil). Representan la memoria de los pueblos precristianos y sus monumentos megalíticos esparcidos por el paisaje vasco.
Los Jentilak son la explicación mítica de los dólmenes, crómlechs y otros monumentos prehistóricos. Según las leyendas, huyeron al ver la "nube luminosa" que anunciaba el nacimiento de Kixmi (Cristo).
Cómo los gigantes huyeron al ver la estrella que anunciaba a Kixmi.
El único Jentil que quedó para anunciar el nacimiento de Cristo.
Cómo los Jentilak construían dólmenes lanzando rocas entre montañas.
Recuerdos del tiempo en que los Jentilak dominaban la tierra.
Para explicar antropológicamente la proliferación incontable e inimaginable de los dólmenes funerarios imponentes, megalitos o enormes crómlechs posados en toda la espina cordillerana abrupta vasco-navarra en una era inmemorial alejada, el inconsciente colectivo de la prehistoria folcklórica euskaldun gestó la creación mítica de un pilar indiscutible gigantesco de sus creencias: Los Jentilak.
El nombre del cual se visten (proveniente ineludiblemente del concepto latino *gentilis*, es decir, aquel que carece del bautismo, el rudo y fiel pagano en sentido amplio histórico) define la naturaleza entera de una antiquísima nación o etnia mágica extinta.
En lo puramente físico y descriptivo popular campesino, un Jentil representaba, a ojos del débil aldeano normativo, una portentosa mole de músculos ciclópea y peluda dotada sencillamente de una fuera titánica insondable. Gozaban del enorme prestigio social mítico de jugar competiciones y duelos amistosos lanzando pesadísimas y gigantescas formaciones y bloques rocosos imponentes desde unos abismales y soberanos picos hasta formaciones lejanas a muchos kilómetros con un soplido atlético, gestando de manera accidental por sus deportes rocosos incontables de los célebres crómlechs y dólmenes.
Lejos de actuar por crueldad caprichosa destructiva de Tartalo, los jentilak conformaban una rústica y autosuficiente raza que convivía tranquilamente ajena en valles superiores. Fueron creadores de los saberes técnicos primitivos primordiales de arado natural con piedra y fundición.
A diferencia de multitud y pléyade de monstruos enraizados que conviven eternamente ajenos bajo un bucle estático sin fin al humano, los Jentilak poseen extrañamente un trágico fin del arco temporal muy concreto de su historia: Su fatídica extinción bajo peso estelar teológico. Relata el gran barómetro popular y la inmensidad leyenda del folclore (en Jentilbaratza o Aralar) de cómo los venerables y ancianos Jentilak presenciaron avistadamente cruzar en lo alto el oscuro e inescrutable paso asolador de una misteriosa "Nube Brillante" sobre los enclaves de las montañas.
El sabio anciano jefe de sus temerosos parientes sentenció dolorido al leer las inescrutables constelaciones que aquel bólido era una estrella infalible vaticinadora: Señalaba irremediablemente que un nuevo dios mesiánico ha emergido llamado *Kixmi* (vocablo antiguo usado para nombrar a Cristo), y que, su inevitable nueva edad dominadora moderna implicaba inexorable y tristemente el cierre y absoluto acabose definitivo generacional para ellos en beneficio y reinado perpetuo absoluto para los incipientes mortales.