Bosques de Navarra
Escenario del oficio de carbonero que caracteriza a Olentzero en los relatos.
— El carbonero que anuncia la Navidad —
Cuando el Kixmi (Cristo) nació y una estrella luminosa apareció en el cielo, los jentiles comprendieron que su tiempo había terminado. Aquellos gigantes paganos que habían dominado las montañas durante eras se arrojaron a las simas o huyeron hacia el norte, incapaces de soportar la nueva luz.
Pero uno de ellos no huyó. Olentzero, un jentil diferente, miró la estrella y, en lugar de terror, sintió curiosidad. Bajó de las montañas hasta los valles donde vivían los humanos y aceptó la nueva era. Se hizo carbonero y vivió entre los hombres, fabricando carbón en los bosques.
Cada año, en la noche más larga –el solsticio de invierno–, Olentzero baja de la montaña cargando su saca de carbón. Pero en lugar de carbón negro, trae regalos para los niños que se han portado bien. Su figura regordeta, su boina y su pipa se han convertido en símbolo de la Navidad vasca.
La leyenda de Olentzero representa la transición entre el mundo antiguo y el nuevo, entre el paganismo y el cristianismo, pero también el renacimiento de la luz tras la noche más oscura del año. Es el último jentil que se convirtió en el primero de una nueva tradición.
Escenario del oficio de carbonero que caracteriza a Olentzero en los relatos.
Las cumbres de donde bajaban los jentiles y donde Olentzero tiene su hogar.
En una versión del final de los jentilak, Olentzero permanece para anunciar el nacimiento de Kixmi a los humanos.
Su oficio de carbonero lo relaciona con el monte y con el fuego. La bajada al pueblo marca el paso de un tiempo a otro.
La figura navideña reúne esa narración con celebraciones que han cambiado y adquirido nuevas formas a lo largo del tiempo.
El reparto de regalos pertenece a su presencia en la Navidad actual. No necesita presentarse como una costumbre inalterada desde la prehistoria.