Martín Txiki y los Secretos del Basajaun

— El héroe astuto que trajo el trigo a los humanos —


Martín Txiki

Ficha rápida

  • Lugar: Bosques de Euskal Herria
  • Nombre en euskera: Martin Txiki
  • Seres implicados: Martín Txiki, Basajaun
  • Motivos: astucia, robo de conocimiento, civilización
  • Cronología: Mito etiológico ancestral
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La Leyenda

Martín Txiki era un joven pequeño de estatura pero enorme de ingenio. En aquellos tiempos, los humanos vivían sin conocer la agricultura ni el trabajo del metal, mientras el Basajaun guardaba celosamente estos secretos en las profundidades del bosque.

Un día, Martín Txiki desafió al Basajaun a un concurso de saltos sobre un montón de trigo. El gigante del bosque, confiado en su fuerza, aceptó. Martín perdió a propósito todas las pruebas, dejando que el Basajaun se burlara de él. Pero mientras saltaba, los granos de trigo se colaron en sus abarcas.

Al regresar al pueblo con los pies llenos de semillas, Martín Txiki pudo enseñar a los humanos a cultivar el cereal. Pero esto no fue todo: en otra ocasión, escondido tras un árbol, escuchó al Basajaun explicar a otro ser cómo forjar el hierro y fabricar herramientas.

Así, gracias a la astucia de Martín Txiki, los humanos aprendieron la agricultura y la forja, pasando de cazadores-recolectores a constructores de civilización. La leyenda enseña que la inteligencia vale más que la fuerza bruta.

Lugares asociados

Bosques vascos

Bosques de Euskal Herria

El dominio del Basajaun donde Martín Txiki robó los secretos.

Valles vascos

Valles cultivados

Las tierras donde los humanos sembraron el primer trigo.

Criaturas relacionadas

Fuentes y documentación

  • J.M. Barandiaran (1972): Mitología Vasca
  • R.M. Azkue: Euskalerriaren Yakintza
  • Tradición oral de Gipuzkoa y Navarra

San Martin Txiki: El audaz benefactor de la agricultura

El folclore narrativo popular vasco cobija como ninguno a aquellos héroes pícaros inofensivos que emplean audacia y astucia inusitada frente a la arrolladora pero ingenua fuerza bruta natural de los gigantes primigenios. En la cúspide de todas esas míticas escaramuzas encontramos indudablemente al ingenioso y descarado Martin Txiki (San Martín el Pequeño).

Es la figura central fundamental que atestigua y relata cómo la débil humanidad fue finalmente capaz de abandonar la oscura recolección rupestre nómada para erigir la gran civilización neolítica agrícola gracias a sus impagables e hilarantes hurtos intelectuales a los grandes y fuertes Basajaun (Señores del Bosque).

El gran desafío por los secretos inmemoriales del trigo

En los albores brumosos de los tiempos pirenaicos, los fornidos Basajaun gozaban plácida y egoístamente del conocimiento absoluto sobre cómo germinar la dorada semilla del pan, guardando con recelo y exclusividad aquellas primeras primicias de un rudimentario trigo que crecía resguardado eternamente en la profunda y oculta espesura de la sierra de Aralar o Muskia.

Los humanos padecían severa hambruna desbocada e ignoraban tristemente como cultivar el terreno pedregoso cantábrico y amasar o segar alimento alguno. En medio de esta grave desesperación surge la espigada y diminuta figura andrógina de Martin Txiki ataviada inteligentemente con rudas y pesadas abarcas con dobles forros enormes que ascendería sigilosamente con intenciones secretas ladera arriba fingiendo una pueril e inofensiva visita inocente hacia las imponentes grutas prehistóricas de aquellos hoscos protectores salvajes primitivos.

El apoteósico salto al vacío y la primera siembra

Aprovechando que los grandes seres peludos gigantes procedían orgullosos y distraídos a ventear y cribar un gigantesco e imponente montículo del invaluable trigo de oro reluciente dentro de su hogar sagrado montañoso, Martin retó irónicamente a los Basajaun apostando burlón que él solo conseguiría atravesar audazmente saltando la enorme montaña de preciado grano acumulado.

Los gigantes colosos rieron atronadoramente mofándose del osado humano enano invitándolo socarrones al ridículo acrobático. Martin cogió rotundo carrerilla frenética para zambullirse pero simuló intencionalmente un fuerte traspiés aparotoso cayendo deliberadamente de rodillas profundo en todo el cálido corazón del valioso almiar agrícola logrando introducir a la perfección disimulada decenas de finas y perfectas semillas vivas atrapadas profundamente entre los arrugados pliegues forrados anchos de sus ásperas e inverosímiles abarcas prepradas de antemano.

Acto seguido saltó escurridizo ladera abajo con un grito de victoria estrepitoso escapando del mortal hachazo furioso volador de un gigante enfurecido alertado y corriendo para regalar en última instancia toda la preciada agricultura vital eternamente al hombre campesino vasco.