Los Jentiles y la Llegada del Kixmi

— El fin de la era de los gigantes —


Jentiles y el Kixmi

Ficha rápida

  • Lugar: Montañas de Euskal Herria
  • Nombre en euskera: Jentilak eta Kixmi
  • Seres implicados: Jentilak (gigantes), Olentzero
  • Motivos: fin de era, cristianismo, cambio de ciclo
  • Cronología: Mito de transición (paganismo → cristianismo)
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La Leyenda

Los jentiles eran gigantes que habitaban las montañas de Euskal Herria antes de la llegada del cristianismo. Poseían una fuerza descomunal, levantaban dólmenes y vivían ajenos a las costumbres de los pequeños humanos de los valles.

Una noche, una nube luminosa apareció en el cielo oriental. Los ancianos jentiles reconocieron la señal: era el anuncio del nacimiento del Kixmi (Cristo), y con él llegaba el fin de su era. La vieja religión moría; un nuevo tiempo comenzaba.

Aterrados ante el cambio, los gigantes decidieron abandonar este mundo. Se arrojaron desde los acantilados al mar o se enterraron bajo enormes piedras. Solo uno de ellos, el más viejo y sabio, llamado Olentzero, decidió quedarse para anunciar la buena nueva a los humanos.

Así terminó la era de los gentiles y comenzó la de los hombres. Los dólmenes y cromlechs quedaron como testimonio de su paso, y Olentzero se convirtió en el mensajero de la Navidad vasca, el último jentil que eligió quedarse.

Lugares asociados

Montañas vascas

Cumbres de Euskal Herria

Las moradas de los jentiles antes de su desaparición.

Dólmenes

Campos de dólmenes

Los vestigios megalíticos que dejaron los gigantes.

Criaturas relacionadas

Fuentes y documentación

  • J.M. Barandiaran (1972): Mitología Vasca
  • R.M. Azkue: Euskalerriaren Yakintza
  • A. Erkoreka: Análisis de la medicina popular vasca

El ocaso definitivo de los Jentilak y la llegada astrológica de Kixmi

Sellando trágicamente un doloroso final para los antiguos gigantes constructores, la llegada asombrosa de una nueva era colapsó el viejo orden pagano de magia prehistórica. Este relato poético y melancólico atestigua el amargo eclipse total donde la tribu gigantesca y hercúlea de los Jentilak rústicos decidió inmolarse voluntariamente ante el asombroso fenómeno celeste que coronaba silenciosamente los picos de las montañas.

Oteando estupefactos, los colosos descubrieron sobre la noche una prodigiosa nube luminosa envuelta en un fuego brillante, cegador y puntual. Pasmados por la diminuta estrella resplandeciente cruzando el aire denso, interpretaron rápidamente con fatal precisión de ancianos sabios que el misterioso cometa irrumpiendo era la inequívoca señal letal del fin inminente invencible.

El gran túmulo oscuro bajo las peñas grises

Los milenarios caudillos pronunciaron entristecidos pero majestuosos que había amanecido el poderoso y renovador reinado pacífico celestial divino de Kixmi (nombre legendario usado por los primitivos vascos para apodar a Cristo, el nuevo Salvador). Asumiendo valientemente su inexorable y dócil derrota histórica ante la avasalladora religión católica radiante compasiva inmaculada redentora inquebrantable, decidieron no pelear en una lúgubre batalla sangrienta estéril dolorosa apocalíptica inútil.

En un último acto de dignidad estoica, renunciando majestuosamente a su larga existencia libre, la tribu entera decidió hundirse voluntaria y pacíficamente para siempre en una fosa rocosa. Arrojándose bajo un gran dolmen de la sierra o escorpadas grietas calizas oscuras frías ocultas y frágiles lúgubres cavernas profundas, enterraron todo su enorme legado prehistórico mágico colosal silenciando misteriosamente su antigua y pura mitología para siempre.