Dólmenes de Euskal Herria
Las estructuras funerarias atribuidas a los gigantes.
— Los gigantes que levantaron piedras imposibles —

Los dólmenes, cromlechs y menhires que salpican las montañas de Euskal Herria plantean una pregunta: ¿quién pudo mover piedras tan enormes? Los antiguos vascos tenían la respuesta: los jentiles.
Estos gigantes de la era precristiana poseían una fuerza descomunal. Podían levantar rocas de varias toneladas con una sola mano y lanzarlas a kilómetros de distancia. Jugar a los bolos con piedras del tamaño de casas era para ellos un pasatiempo.
Los dólmenes eran sus sepulturas. Los cromlechs, sus lugares de reunión. Los menhires, mojones para delimitar sus territorios. Cada monumento megalítico es un testimonio de su poder, una huella dejada en el paisaje por una raza que caminó por estas tierras antes que nosotros.
La leyenda atribuye las grandes piedras a la fuerza de los jentilak. La arqueología estudia los monumentos como obras humanas: los dólmenes fueron sepulcros, y los cromlechs pirenaicos se relacionan con prácticas funerarias. Los relatos ofrecen otra lectura del mismo paisaje.
Las estructuras funerarias atribuidas a los gigantes.
Los círculos de piedra en las cumbres pirenaicas.
Los dólmenes y otras grandes piedras despertaron relatos sobre seres capaces de moverlas sin esfuerzo. Los jentilak ocupan ese papel en numerosas historias.
El tamaño de las construcciones se explica en el cuento mediante la fuerza de sus autores sobrenaturales.
La arqueología estudia esos monumentos como obras humanas. Los dólmenes tuvieron usos funerarios, aunque las leyendas les atribuyan otros orígenes.
El interés del relato está en la forma de interpretar el paisaje y de conservar el recuerdo de lugares singulares.