Puentes de Navarra
Estructuras atribuidas a los mairuak en la geografía navarra.
— Los artífices de puentes y calzadas —

Los mairuak eran constructores legendarios de una habilidad sobrenatural. Donde los humanos tardaban años en levantar un puente, ellos lo conseguían en una sola noche. Sus calzadas cruzaban montañas imposibles, sus muros resistían siglos sin desmoronarse.
Las comarcas de Navarra y Gipuzkoa conservan numerosas obras que la tradición atribuye a estos constructores míticos: puentes sobre barrancos vertiginosos, caminos tallados en la roca viva, muros de piedras perfectamente ensambladas sin argamasa.
El nombre "mairu" podría derivar de "moro", la designación genérica que la tradición popular daba a constructores de obras imposibles de explicar. Pero los mairuak no eran árabes históricos, sino seres de un tiempo anterior, emparentados con los jentiles.
A veces se confunden con los gigantes, compartiendo ese aura de un pasado donde seres de poder extraordinario habitaban estas tierras. Sus obras permanecen como testimonio de que hubo un tiempo donde lo imposible era posible.
Estructuras atribuidas a los mairuak en la geografía navarra.
Caminos empedrados de origen misterioso en Gipuzkoa.
En la tradición vasca y navarra, los Mairuak son seres de la antigüedad profunda que vivieron en el territorio antes que los humanos actuales. Su nombre se relaciona con la palabra mora, pero en el imaginario popular designa a una raza de constructores sobrenaturales de capacidades prodigiosas.
Se les atribuye la construcción de los dólmenes, los cromlechs y otras estructuras megalíticas que salpican los montes pirenaicos y cantábricos. Para quienes los veían por primera vez sin contexto histórico, imaginar que unos seres ordinarios hubieran podido levantar tales pesadas moles resultaba sencillamente imposible.
Los Mairuak desaparecieron sin dejar rastro escrito, solo piedra y silencio. La leyenda dice que al llegar la nueva religión cristiana abandonaron el territorio internándose en las montañas más altas o sumergiéndose literalmente en la tierra de la que habían surgido en tiempos primigenios.
Sus monumentos de piedra permanecen como un alfabeto que ya nadie sabe descifrar del todo. Cada visita a uno de estos enclaves es un contacto con aquella civilización anterior, un recuerdo de que el lugar donde vivimos fue habitado por seres que entendían el tiempo y el espacio de modos muy distintos a los nuestros.