Fuentes y manantiales
Donde las Lamiak peinan sus largos cabellos con peines de oro.
— Seres del agua —
Lamiak son seres de extraordinaria belleza con pies de pato o cola de pez dorado. Peinan sus largos cabellos dorados con peines de oro junto a fuentes y ríos cristalinos de Euskal Herria. Su canto melodioso atrae a los caminantes solitarios que se acercan a sus dominios acuáticos.
Ayudan generosamente a quien las respeta pero persiguen sin piedad a quien las ofende o intenta robar sus preciados objetos. Construyen puentes y caseríos durante la noche a cambio de pequeños favores. Quien roba su peine de oro sufrirá su venganza eterna, siendo perseguido hasta devolver lo hurtado.
Donde las Lamiak peinan sus largos cabellos con peines de oro.
Corrientes de agua donde habitan estos seres de belleza extraordinaria.
Construcciones atribuidas al trabajo nocturno de las Lamiak.
El nombre Lamia podría derivar del griego lamia o tener origen prerromano. Laminak es la forma plural más común en euskera, aunque también se usa Lamiak.
Las Lamiak habitan en fuentes, ríos y cuevas de toda Euskal Herria. Son conocidas por peinar sus largos cabellos con peines de oro y por la maldición que cae sobre quien les roba sus preciados objetos.
Quién roba el peine de una Lamia sufrirá su persecución eterna.
Puentes construidos por Lamiak antes de que cantara el gallo.
Por qué las Lamiak siempre ocultan sus pies de pato bajo las faldas.
Los favores que las Lamiak piden a cambio de su ayuda.
El agua ha sido siempre un elemento vital reverenciado en todas las mitologías del globo por el ser humano. En el caso de Euskal Herria, los abrevaderos idílicos, remansos frescos en las estribaciones fluviales e inaccesibles cascadas albergan casi sin excepción a una criatura hermosa de leyenda singular: las Lamiak (frecuentemente denominadas de igual manera Laminak en áreas del pirineo francés-navarro).
Afloran en los relatos bajo la romántica e icónica figura de deslumbrantes mujeres sentadas pacíficamente a la orilla del riachuelo bajo la tenue primera luz de la aurora diurna o bien acariciadas por la brisa nocturnal plateada.
La dualidad etimológica que poseen les sitúa permanentemente entre el magnetismo mortal de la sensualidad atractiva y la bestialidad del antiguo origen rupestre no divino. La inmensa belleza y lozanía inmaculada de sus rostros angelicales contrasta abismalmente con su inevitable sello inferior natural silvestre: generalmente no poseen pies de piel delicada.
Ocultas púdicamente dentro del remolino acuoso las leyes campesinas dictaminan que los pies rematan obligatoriamente con sendas palmas gruesas de patas de ganso de río, gallina e inluso, en escasas variedades, en extraña aleta pesquera como rutilante sirena fluvial dulce. Ensoñadas acicalan siempre sin cesar sus rizos y melenas capilares eternas empleando lujosos *peines de oro puro* mágicos arrebatadoramente bellos que causan en jóvenes y ladrones humanos aldeanos un trágico y codicioso deseo.
Pese a que algunas leyendas tempranas asocian a las lamiak como entidades dispuestas al trato bondadoso que de noche prestan ayuda a los cansados aldeanos agricultores labrando con rapidez mágica sus huertos si reciben humildes pero vitales ofrendas alimenticias al caer la medianoche (trozos de tocino grasoso caliente, un humilde cuenco de leche cremosa, tortas de pan rústico o restos sabrosos recién cosechados), la línea delgada que marca su estado civil se inclina fuertemente hacia un ser caprichoso y peligroso al desaire.
Un varón fascinado que logre enamorar a una lamia vivirá bajo la abundancia absoluta pero si al descubrir horrorizado las extremidades animaloides reniega de ella y se marcha delator asustado, padecerá las consecuencias crueles. Además maldicen con infortunios y plagas horribles a cualquier valiente tonto aldeano que ose arrebatarles de las rocas mediante engaños su codiciado instrumento mítico y peinador dorado mientras descansan su vista.