
Ríos y fuentes
Donde se negociaban los pactos con las Lamiak.
— Los tratos peligrosos que las Lamiak ofrecen —
Las Lamiak son conocidas por establecer pactos con los humanos que acuden a ellas desesperados. A cambio de ayuda —construir un puente en una noche, curar una enfermedad incurable, traer fertilidad a los campos yermos—, piden algo a cambio. Y esas condiciones nunca son sencillas.
Un molinero de Aizarnazabal hizo un pacto con las Lamiak para que su molino funcionara toda la noche sin vigilancia de nadie. A cambio, debía dejarles un cuenco de leche fresca cada noche en la piedra del río. Durante años, el molino funcionó perfectamente y el molinero prosperó.
Pero una vez, solo una vez, el molinero olvidó dejar la leche por descuido. Al día siguiente encontró el molino destrozado, las piedras partidas en dos, y un mensaje grabado en la madera: "Quien rompe un pacto, pierde más de lo que ganó".
Otros pactos eran más inquietantes: dar el nombre del primogénito, entregar un mechón de pelo cada luna llena, o prometer no casarse nunca. Los ancianos advertían: las Lamiak siempre cumplen su parte del trato con exactitud, pero también exigen que los humanos cumplan la suya. Y el precio del incumplimiento siempre es terrible.

Donde se negociaban los pactos con las Lamiak.

Testimonios de los pactos cumplidos.
La lamia ofrece al molinero una ayuda que mejora el trabajo de la casa. A cambio, pide que se mantenga una ofrenda.
El acuerdo funciona mientras ambas partes cumplen su obligación. La prosperidad hace que el humano olvide de quién recibió el favor.
Cuando deja de atender lo pactado, pierde la ayuda. El conflicto nace de una promesa incumplida, no de un ataque sin motivo.
La narración sitúa la reciprocidad en el centro del encuentro con lo sobrenatural: recibir también implica responder.