Puentes de Oñati
Donde se localiza la versión más conocida de esta leyenda.
— La proeza constructiva de los Mairuak —
En la comarca de Oñati había un río imposible de cruzar. Cada vez que los aldeanos intentaban construir un puente, las crecidas violentas se lo llevaban antes de que pudieran terminarlo. Desesperados tras años de fracasos, decidieron invocar a los Mairuak, los legendarios constructores nocturnos.
Los Mairuak aceptaron el encargo, pero impusieron una condición terrible: el alma del primer ser vivo que cruzara el puente al amanecer sería suya para siempre. Los aldeanos, aterrados pero necesitados, aceptaron el pacto. Durante toda la noche, los Mairuak trabajaron con una velocidad sobrehumana, levantando arcos de piedra que parecían desafiar las leyes de la física.
Al llegar el alba, el puente estaba terminado, magnífico e indestructible. Pero los aldeanos, más astutos de lo que los Mairuak habían anticipado, enviaron primero a un gato negro a cruzar el puente. Los constructores nocturnos, furiosos por el engaño, tuvieron que conformarse con el alma del animal.
En venganza, los Mairuak maldijeron el puente: resistiría mil años, pero cada siglo cobraría una vida humana sin previo aviso. Dicen que el puente sigue en pie hasta hoy, y que los ancianos de la comarca llevan la cuenta de las generaciones, advirtiendo a sus nietos cuando se acerca el año fatídico en que el puente reclamará su tributo de sangre.
Donde se localiza la versión más conocida de esta leyenda.
Numerosas construcciones atribuidas a los Mairuak en toda Euskal Herria.
En varios puntos del territorio vasco existe la leyenda de puentes que fueron construidos en una sola noche antes de que el alba los detuviera. Su arquitectura es tan sólida y su ejecución tan precisa que los ingenieros de cada época han tenido dificultades para explicar cómo pudieron levantarse en condiciones normales y con las herramientas disponibles.
La tradición atribuye estas obras a pactos con el diablo o con genios constructores a cambio de la primera alma que cruzara la estructura. Los aldeanos que necesitaban el puente pero temían el precio encontraban soluciones creativas: enviar primero a un perro, un gato o una gallina para que la deuda quedara saldada con un alma animal.
El momento en que el constructor sobrenatural descubría el engaño y se marchaba furioso sin poder reclamar lo que creía que le correspondía es siempre el punto culminante del relato. El humor que brota de esa secuencia dice mucho sobre la relación vasca con los poderes superiores: se los respeta pero no se les entrega lo que piden sin buscar alternativas.
Los puentes legendarios de Euskal Herria que se conservan en pie siguen cruzando ríos y barrancos con la misma eficiencia de siempre. Bajo sus arcos ha pasado el agua de siglos y sobre ellos han caminado generaciones que ya no recuerdan el nombre de quien los construyó pero siguen usando el camino que hicieron posible.