Puentes de Bizkaia
Varios puentes de Bizkaia tienen leyendas de construcción por lamias.
— Construidos en una noche, pagados con un alma —
Los aldeanos de un pequeño pueblo necesitaban desesperadamente un puente para cruzar el río. Las crecidas les impedían comerciar, visitar a sus vecinos e incluso asistir a misa. Un día, las lamiak del río les hicieron una oferta.
"Os construiremos el puente en una sola noche", dijeron las criaturas de pies palmeados, "pero a cambio queremos el alma del primer ser que lo cruce al amanecer". Los aldeanos aceptaron, pero tenían un plan.
Las lamiak trabajaron toda la noche con su fuerza sobrenatural, moviendo enormes piedras que ningún humano podría levantar. Cuando los primeros rayos del sol iluminaron el horizonte, el puente estaba casi terminado.
Entonces los aldeanos lanzaron un gato negro sobre el puente. El animal fue el primero en cruzar. Las lamias, enfurecidas por el engaño, abandonaron su trabajo sin colocar la última piedra. Por eso, dicen, en ciertos puentes antiguos de Euskal Herria siempre falta una piedra: es la marca del pacto roto con las lamiak.
Varios puentes de Bizkaia tienen leyendas de construcción por lamias.
Los ríos guipuzcoanos también tienen sus puentes de lamias.
Algunas versiones vascas del origen de ciertos puentes antiguos atribuyen su construcción no al diablo sino a las propias lamiak, quienes habrían levantado estas estructuras durante las noches templadas en que el agua baja tranquila y el trabajo nocturno resulta más llevadero que el diurno. Las lamias son constructoras cuando lo necesita la comunidad que habita sus ríos.
A diferencia de los contratos con el diablo, las lamias no pedían almas a cambio de su trabajo arquitectónico. Les bastaba con escuchar los cantos que los aldeanos entonaban en la orilla opuesta mientras ellas trabajaban, una forma de compañía y de reconocimiento que la criatura fluvial valoraba más que cualquier ofrenda material.
En casi todos estos relatos, las lamias llegaban a completar el puente excepto por la última piedra, aquella que faltaba siempre cuando el primer gallo cantaba y la noche se disolvía obligándolas a retirarse. El puente quedaba así casi completo, útil pero con esa pequeña imperfección que recuerda que lo sobrenatural nunca termina del todo lo que empieza.
Esta piedra faltante es también una señal de identidad, la marca que distingue una obra sobrenatural de una humana. La perfección total es un dominio exclusivo de lo divino absoluto, y las lamias, como todos los seres intermedios, apenas se acercan a ella sin alcanzarla del todo.