Monte Mondarrain
Cumbre de Lapurdi donde se ubica la cueva de las lamias.
— Donde tejen la suerte de los viajeros —

En las laderas del monte Mondarrain, en el corazón de Lapurdi, existe una cueva junto a un arroyo cristalino donde habitan las lamiak. Estas criaturas de extraordinaria belleza, con pies palmeados o de ave, pasan las horas peinando sus largos cabellos dorados con peines de oro.
Los pastores y viajeros que cruzan por esos parajes las han visto al atardecer, sentadas junto al agua, cantando melodías hipnóticas. Dicen que las lamiak tienen el poder de tejer el destino de quienes las encuentran: pueden bendecir con prosperidad a quien las trate con respeto, o maldecir a quien las ofenda.
Según la tradición, si un hombre logra robar el peine de una lamia, ella le seguirá hasta recuperarlo, otorgándole favores a cambio. Pero ay de quien intente retenerla contra su voluntad, pues su venganza puede ser terrible.
El monte Mondarrain es considerado sagrado por estas presencias, y los lugareños aún respetan sus fuentes y arroyos como moradas de estos seres ancestrales.
Cumbre de Lapurdi donde se ubica la cueva de las lamias.
Las corrientes de agua donde las lamiak peinian sus cabellos.
El monte Mondarrain, en las cercanías de Itxassou en el País Vasco francés, ha sido durante siglos un lugar señalado por la tradición oral como residencia habitual de las lamiak. Su perfil característico y su posición dominante sobre los valles circundantes lo convertían en el escenario ideal para estas diosas fluviales.
Los pastores que subían al Mondarrain en los meses de verano aseguraban escuchar en los días claros el suave tintineo de un peine de oro deslizándose por largos cabellos brillantes. El sonido venía siempre de los riscos orientales donde el agua de los manantiales formaba pequeñas cascadas cristalinas.
Quien lograba acercarse sigilosamente sin ser detectado podía ver a la lamia sentada en la roca, con sus pies de pato ocultos en el agua y su cuerpo superior de una belleza que dolía mirar. El que se quedaba demasiado tiempo observando corría el riesgo de quedar hechizado sin posibilidad de retorno.
La leyenda de las lamias del Mondarrain funciona como un mapa afectivo del territorio, donde ciertos lugares cargan una energía especial que los diferencia del camino ordinario. Reconocer esa energía y tratarla con respeto era la clave para recorrer estos parajes sin perderse en ellos para siempre.