Monte Anboto
Morada principal de Mari en Vizcaya, cumbre sagrada de la sierra de Urkiola.
— Señora suprema de cuevas y cimas —
Mari es una figura central de la mitología vasca, vinculada a la tierra, las cuevas de montaña y las tormentas. Una de sus moradas más conocidas está en Anboto, de donde procede el nombre de Anbotoko Mari.
Sus relatos varían según la localidad. Algunas tradiciones la relacionan con Sugaar, también llamado Maju, y atribuyen las tormentas a sus encuentros.
El nombre Mari ha sido objeto de debate. Algunos lo vinculan con ama (madre); otros, con la influencia posterior del nombre María, presente en la advocación Andra Mari (Señora María). También se la conoce como Maya, Lezeko-Andre o Txindokiko Dama.
Las leyendas la relacionan con la tierra y las fuerzas naturales. Conviene distinguir lo que cuentan los relatos conservados de las hipótesis sobre la antigüedad de su culto.
El encuentro de los dos dioses que desata las grandes tormentas.
Leyendas sobre la morada principal de la diosa en la montaña sagrada.
La historia de Atarrabi y Mikelats, luz y oscuridad nacidos de la diosa.
Relatos de castigos a mentirosos y transgresores de su ley sagrada.
Una de las figuras centrales de la mitología vasca es Mari, conocida como la Dama de Anboto o Anbotoko Mari. Sus leyendas la relacionan con las cuevas, las montañas y los cambios del tiempo.
Su importancia en la tradición oral ha dado lugar a distintas interpretaciones sobre su origen. Los relatos conservados no bastan por sí solos para afirmar que proceda de un culto paleolítico ni para demostrar que existiera una sociedad matriarcal.
Las leyendas sitúan sus moradas en Anboto y en otras montañas, como Txindoki, Aizkorri o Aketegi. Cuando cambia de residencia, puede aparecer cruzando el cielo como una figura envuelta en fuego o una luz brillante.
Su aspecto varía según el relato. Puede presentarse como una mujer, adoptar formas animales o manifestarse mediante fenómenos naturales. Esa variedad forma parte de la riqueza de la tradición oral.
Las historias de Mari también transmiten normas de conducta. En ellas, la Dama premia o castiga a quienes tratan con ella, sobre todo según su sinceridad y su respeto a la palabra dada.
Entre las faltas que se le atribuye castigar están la mentira, el robo, el orgullo y las promesas incumplidas.
En algunos cuentos, una persona declara poseer menos bienes de los que tiene y Mari le retira lo que ha ocultado. La enseñanza del relato es que negar lo propio para eludir una obligación puede acabar convirtiendo esa mentira en realidad.
Las visitas a su cueva exigen respeto. Algunas versiones indican que hay que permanecer de pie y salir sin darle la espalda. Estas reglas pertenecen al relato legendario y varían de una localidad a otra.
Su figura reúne el poder de la naturaleza y las normas que orientaban la convivencia. Por eso sigue ocupando un lugar destacado en la memoria del paisaje vasco.