Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Bizkaia —
Anboto es la montaña más sagrada de la mitología vasca y la morada legendaria de Mari, la diosa madre que gobierna las fuerzas de la naturaleza. Con sus 1.331 metros de altitud, esta imponente mole caliza domina el Parque Natural de Urkiola y constituye uno de los paisajes más emblemáticos de Bizkaia.
Según la tradición, Mari habita en una cueva cerca de la cumbre, desde donde controla los fenómenos atmosféricos. Cuando la diosa abandona su morada para trasladarse a otras montañas —como Txindoki o Aizkorri—, cruza el cielo en forma de bola de fuego, anunciando cambios en el tiempo. Los pastores de la zona observaban con respeto estas señales celestiales.
El ascenso a Anboto es una de las rutas de montaña más populares del País Vasco. El sendero atraviesa hayedos centenarios, crestones rocosos y praderas de altura que ofrecen vistas espectaculares sobre el Duranguesado. La cumbre, coronada por una cruz, permite contemplar en días claros desde el mar Cantábrico hasta los Pirineos.
La montaña conserva un aura de misterio que trasciende lo puramente paisajístico. Los nombres de sus parajes —Supelegor, Jentilzubi, Atxulo— evocan las leyendas de gentiles, brujas y seres míticos que pueblan la imaginación del pueblo vasco desde tiempos inmemoriales.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
El Anboto no es simplemente la montaña más alta del Parque Natural de Urkiola ni un destino popular entre los senderistas vascos del fin de semana. Es el núcleo geográfico alrededor del cual se organiza buena parte de la mitología vasca, el punto cardinal espiritual desde el que Mari gobierna los fenómenos climáticos y desde el que la tradición oral vasca ha explicado durante siglos los relámpagos, los temporales y las sequías que han marcado la vida agraria del territorio.
Los pastores de las brañas que rodean la montaña desarrollaron durante generaciones una lectura del tiempo basada en la observación de las nubes que se formaban en torno a la cumbre. Cuando la niebla envolvía el Anboto por los flancos occidentales, la lluvia llegaba en pocas horas. Cuando la diosa cruzaba el cielo en forma de bola de fuego, era señal de cambio de tiempo inminente. Estas lecturas no eran superstición sino meteorología empírica codificada en lenguaje mítico.
Supelegor, la cueva situada en la ladera norte del Anboto, es el lugar más frecuentemente citado como morada de Mari en las fuentes etnográficas recogidas por Barandiarán y sus colaboradores. Los testimonios de los informantes más ancianos describían la cueva como un espacio que cambiaba de aspecto según quien la visitara y con qué intención, amplia y luminosa para los honestos, oscura e inextricable para los intrusos.
El ascenso al Anboto por la ruta del refugio de Urkiola es uno de los itinerarios de montaña más completos del País Vasco, combinando hayedos densos, crestones de caliza y vistas que en días despejados alcanzan el Cantábrico al norte y los picos del sistema ibérico al sur. Llegar a la cumbre, donde una cruz señala el vértice, es también llegar al lugar exacto donde la geografía y el mito llevan siglos hablándose el uno al otro.