Cuevas de Zugarramurdi
La cueva-túnel donde, según la tradición, se celebraban los aquelarres.
— El Akelarre en las cuevas de la frontera —
Zugarramurdi es conocido por sus cuevas, sus relatos de brujería y la memoria del proceso inquisitorial de comienzos del siglo XVII. Esas dimensiones se relacionan, pero no deben confundirse.
Las denuncias y declaraciones hablaban de reuniones, vuelos y pactos sobrenaturales. No demuestran que sucedieran, ni que todas las personas acusadas fueran sanadoras o participantes de un mismo culto.
En Logroño, en 1610, seis personas fueron quemadas vivas y cinco en efigie, porque habían muerto antes. La investigación posterior de Salazar Frías cuestionó las pruebas y contribuyó a una mayor cautela en los procesos.
La cueva es un espacio visitable y el museo se encuentra en el pueblo. Ambos permiten acercarse a una memoria que reúne leyendas y víctimas reales de la persecución.
Zugarramurdi reúne un paisaje de cuevas y una memoria de relatos sobre brujería. Las narraciones no prueban los ritos de las acusaciones.
La persecución tuvo víctimas reales. En Logroño, en 1610, seis personas fueron quemadas vivas y cinco, muertas anteriormente, en efigie.
El museo del pueblo y la visita a la cueva permiten conocer aspectos distintos de esa memoria y del lugar.
Contar sus leyendas exige distinguir la imaginación del miedo que sostuvo el proceso y de las consecuencias que tuvo para las personas acusadas.