Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Nafarroa —
Zugarramurdi es un pequeño pueblo del Pirineo navarro mundialmente conocido por su vinculación con la brujería y las leyendas de akelarres. Situado a apenas 4 kilómetros de la frontera francesa, este enclave de apenas 200 habitantes se ha convertido en uno de los destinos más visitados de Navarra.
La fama de Zugarramurdi se debe principalmente a los procesos de la Inquisición de 1610, cuando el Tribunal de Logroño condenó a numerosos vecinos acusados de brujería. Según los testimonios de la época, las brujas celebraban sus akelarres en la gran cueva cercana al pueblo, presididas por un macho cabrío que representaba al Diablo.
El Museo de las Brujas, instalado en un antiguo hospital, ofrece un interesante recorrido por la vida cotidiana del siglo XVII y las circunstancias que llevaron al gran proceso brujeril. La visita permite entender el contexto histórico y social que hizo posible la tragedia.
Más allá de las brujas, Zugarramurdi es un pueblo con encanto propio: caseríos de piedra, estrechas callejuelas, una iglesia románica y, sobre todo, un entorno natural privilegiado en las estribaciones del Pirineo. La fiesta del Akelarre, que se celebra el solsticio de verano, reúne cada año a miles de visitantes.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
Zugarramurdi, en el extremo noroeste de Navarra a pocos kilómetros de la frontera con Francia, es uno de los nombres más cargados de resonancias en la historia del folclore vasco y de la persecución inquisitorial en la Península Ibérica. Sus cuevas fueron el epicentro del mayor proceso de brujería del norte de España en 1609-1610, y el pueblo lleva cuatro siglos conviviendo con una notoriedad que sus habitantes manejan con una mezcla de orgullo cultural y conciencia histórica crítica.
El propio pueblo, independientemente de sus cuevas, es una pequeña comunidad de arquitectura popular navarra que ha conservado mejor que la mayoría de sus vecinos el carácter de aldea tradicional. Sus caseríos de piedra arenisca y sus calles empedradas, rodeados por los hayedos húmedos del norte de Navarra, forman un escenario que en los días de niebla tiene exactamente el aspecto que uno imaginaría para el escenario de las reuniones nocturnas que los inquisidores describieron en sus actas con tanto detalle y tanta fantasía.
El museo de las brujas de Zugarramurdi, situado en el propio pueblo, ofrece una lectura de los hechos de 1610 que va mucho más allá del sensacionalismo para proponer una comprensión histórica de lo que realmente ocurrió. La distinción entre el folclore genuino de las sorginak vascas y la construcción inquisitorial de la bruja como agente del diablo, la historia de las personas concretas que fueron juzgadas y la reflexión sobre por qué este tipo de persecuciones surgían en los momentos de mayor tensión social son los ejes de un museo ejemplar en su enfoque.
Zugarramurdi celebra cada año en el mes de agosto una fiesta de brujas que, con toda la ambigüedad que conlleva la reelaboración festiva de una tragedia histórica real, ha contribuido a convertir el pueblo en un destino turístico activo que genera recursos económicos para una comunidad muy pequeña. La tensión entre la memoria respetuosa de las víctimas y la celebración festiva del mito que las demonizó es parte de la complejidad de este lugar que no tiene solución fácil pero que resulta genuinamente interesante como objeto de reflexión.