Bargota
Pequeña localidad navarra donde vivió el legendario brujo.
— El hechicero navarro —
En el pequeño pueblo navarro de Bargota, cerca de Los Arcos, vivió un hombre conocido como el Brujo de Bargota. Su nombre real era Johannes, y la fama de sus poderes sobrenaturales se extendió por toda la comarca.
Se decía que Johannes podía controlar el tiempo: hacer llover cuando había sequía o detener las tormentas que amenazaban las cosechas. Los campesinos acudían a él para curar enfermedades del ganado, encontrar objetos perdidos o adivinar el futuro.
También se contaba que podía volar por los aires, transformarse en animales y aparecer en lugares muy distantes en cuestión de minutos. Algunos le temían, otros le veneraban, pero todos le respetaban.
Su figura representa la tradición de curanderos y "brujos buenos" que existían en la Navarra rural, mediadores entre el pueblo llano y las fuerzas misteriosas de la naturaleza. A diferencia de las brujas de Zugarramurdi, el Brujo de Bargota es recordado con cierto cariño en la memoria popular.
Pequeña localidad navarra donde vivió el legendario brujo.
Zona de la Navarra Media donde se extendió la fama del brujo.
Rozando las mismas tierras que vieron florecer temibles procesos inquisitoriales, surge la magnética figura de Johanes de Bargota. Este enigmático personaje nacido a mediados del siglo XVI fusionó misteriosamente su vocación eclesiástica con el puro estudio de las artes ocultas.
El folclore relata con absoluto asombro los múltiples delirios fantásticos que rodeaban permanentemente la vida de Don Johanes. Los sorprendidos vecinos aseguraban verlo viajar transportándose a rincones lejanos de Europa montado mágicamente sobre densas nubes nocturnas, burlándose de las leyes naturales.
Pese a estas travesuras de hechicería rural amorosa, Johanes procuraba firmemente utilizar su poderoso dominio esotérico para solventar los rutinarios pesares del pueblo. Curaba fuertes jaquecas ganaderas con rezos paganos y desterraba las malévolas tormentas graniceras que amenazaban en arruinar la valiosa cosecha agrícola.
Semejantes prodigios atrajeron irremediablemente el severo escrutinio del mismísimo tribunal inquisitorial. Aun tras ser apresado y castigado, la figura de Johanes perdura arraigada perpetuamente en la comarca como el imborrable emblema protector donde conviven los ritos eclesiásticos y la magia indomable.