Cuevas de Sorginzulo
Múltiples cuevas con este nombre existen en Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra.
— El agujero de las brujas —
El nombre "Sorginzulo" significa literalmente "agujero de las brujas" en euskera. Hay múltiples cuevas y simas con este nombre repartidas por toda Euskal Herria, todas ellas asociadas a leyendas de brujería e iniciación en artes oscuras.
Según la tradición, una joven muchacha entró en una de estas cuevas buscando refugio de una tormenta. En la oscuridad encontró a un grupo de sorginak (brujas) que celebraban un aquelarre. En lugar de huir, quedó fascinada por sus cánticos y danzas.
Las brujas la acogieron y la iniciaron en sus artes: el conocimiento de las hierbas, los hechizos de amor y muerte, el vuelo nocturno y la transformación. Cuando salió de la cueva, ya no era la misma: se había convertido en una de ellas.
Desde entonces, dicen que vaga por los bosques bajo la luz de la luna, practicando hechizos y reuniéndose con otras sorginak en las noches señaladas. Las cuevas llamadas Sorginzulo siguen siendo lugares temidos y respetados, portales entre el mundo ordinario y el de los poderes ocultos.
Múltiples cuevas con este nombre existen en Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra.
La cueva de brujas más famosa de Euskal Herria, en Navarra.
En euskera, sorginzulo significa literalmente agujero de la bruja, y varios enclaves del territorio vasco llevan ese nombre por haber sido señalados durante siglos como lugares de reunión de las sorginak. No son todas las cuevas grandes ni las más espectaculares, pero sí tienen en común una atmósfera que todavía hoy resulta difícil de neutralizar con la razón.
Las sorginak no eran necesariamente malignas en la concepción vasca original. Eran mujeres con conocimientos especiales sobre las plantas y los astros, capaces de interceder con las fuerzas del monte, y su asamblea nocturna en estas cuevas era un acto de comunión con dimensiones del mundo que el conocimiento ordinario no alcanza.
Los niños de las aldeas cercanas aprendían desde pequeños que acercarse a un sorginzulo sin razón concreta era imprudente, no porque las brujas que lo frecuentaban fueran peligrosas para los inocentes sino porque lo que allí ocurría no era asunto de todos. El respeto por los espacios de práctica espiritual ajena era también una forma de educación.
Hoy en día algunos de estos enclaves han sido señalizados y convertidos en lugares de interés turístico. No hay nada de malo en eso, pero quienes los visitan con prisa y luz de móvil difícilmente van a experimentar lo mismo que quienes llegaban allí en silencio, de noche y con la conciencia de que estaban entrando en un territorio con sus propias reglas.