Monte Anboto
Donde Sugaar se encuentra con Mari provocando las más violentas tormentas.
— Espíritu serpentino del fuego —
Sugaar, también conocido como Maju, es el espíritu serpentino del fuego y consorte celeste de Mari. Cruza el cielo nocturno como un dragón de fuego anunciando tempestades. Su paso deja una estela ígnea que los antiguos vascos contemplaban con reverencia y temor desde los valles y montañas de Euskal Herria.
Cuando Sugaar se encuentra con Mari en las cumbres sagradas, estallan las tormentas más violentas que azotan el territorio vasco. Su unión representa el equilibrio cósmico entre los principios femenino y masculino, entre la tierra y el cielo. De este encuentro nacieron Atarrabi, el hijo luminoso, y Mikelats, el oscuro.
El nombre Sugaar proviene del euskera: suge (serpiente) y ar (macho). Su significado literal es "Serpiente Macho" o "Dragón Masculino". También es conocido como Maju o Sugoi en algunas regiones.
Las referencias a Sugaar aparecen en relatos orales de toda Euskal Herria, describiéndolo como consorte de Mari y padre de Atarrabi y Mikelats. Su nombre refleja la antigua veneración a las serpientes como símbolos de poder ctónico.
Cuando Sugaar y Mari se encuentran, el cielo se llena de relámpagos y truenos.
Testimonios de quienes vieron a Sugaar cruzar el cielo nocturno como bola de fuego.
Por qué los vascos atribuyen las grandes tempestades a la unión de Sugaar y Mari.
Atarrabi y Mikelats, los gemelos nacidos de la unión entre Sugaar y Mari.