Cuevas de Mari
Las moradas de Mari se relacionan con el origen de los hermanos; su aprendizaje se sitúa con Etsai.
— Los gemelos de la dualidad —

De la unión de Mari, la diosa madre, y Sugaar, la serpiente de fuego, nacieron dos hijos gemelos: Atarrabi y Mikelats. Aunque nacidos del mismo vientre sobrenatural, sus naturalezas eran opuestas como el día y la noche.
Ambos fueron confiados a un genio del inframundo para su educación en las artes mágicas. Durante años aprendieron los secretos del cosmos en las profundidades de una caverna. Pero llegó el momento de elegir su destino.
Atarrabi escapó del maestro gracias a su ingenio, aunque perdió su sombra. Después utilizó su saber para ayudar a los humanos y proteger las cosechas frente a las amenazas de su hermano.
Mikelats aparece como el hermano que intenta causar daño. Las tormentas que destruyen el trabajo del campo expresan esa intención dentro del relato, mientras Atarrabi trata de impedirla. La oposición entre ambos no exige considerarlos fuerzas necesarias para el equilibrio del universo.
Atarrabi y Mikelats aparecen en relatos vinculados a Mari. Uno protege a los humanos; el otro intenta perjudicarlos.
En el episodio de su aprendizaje, el maestro Etsai impone condiciones a sus discípulos y dificulta su salida.
La inteligencia de Atarrabi le permite escapar. El desenlace no depende de una carrera contra la luz del amanecer.
La pérdida de su sombra recuerda que la liberación tiene consecuencias y que el vínculo con el maestro no desaparece de inmediato.
Los hermanos vuelven a enfrentarse cuando Mikelats amenaza las cosechas y Atarrabi trata de protegerlas.
La oposición entre ambos organiza la narración. No obliga a entenderlos como dos mitades indispensables de todo el universo.