Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Zuberoa —
Los Cromlechs de Zuberoa (Soule en francés) constituyen uno de los conjuntos más importantes de arquitectura funeraria protohistórica del ámbito pirenaico. Repartidos por las montañas de esta pequeña provincia del País Vasco francés, estos círculos de piedras testimonian las creencias y rituales de las comunidades que habitaron estas tierras durante la Edad del Hierro.
Zuberoa cuenta con centenares de cromlechs catalogados, concentrados principalmente en las zonas de pastos de montaña. Las estaciones megalíticas de Iraty, Organbidexka y Ahuzki destacan por la densidad de monumentos y su excelente estado de conservación.
Los cromlechs zuberotarras suelen estar formados por pequeñas piedras hincadas que delimitan círculos de entre 4 y 7 metros de diámetro. En su interior se enterraban las cenizas de los difuntos tras la cremación, acompañadas a veces de pequeños objetos como cuentas de collar o fragmentos de cerámica.
La visita a estos monumentos permite descubrir al mismo tiempo el extraordinario patrimonio natural de Zuberoa: los hayedos de Iraty, los caballos salvajes que pastan en libertad, los buitres que surcan el cielo. Es difícil imaginar un escenario más adecuado para conectar con los antepasados más remotos del pueblo vasco.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
La provincia vasca de Zuberoa, la más oriental y menos conocida del País Vasco Francés, concentra en sus altas montañas y pastos de verano una cantidad notable de monumentos megalíticos que los pastores locales han convivido durante generaciones sin que nadie, hasta la llegada de los arqueólogos modernos, se preguntara demasiado por quién los había construido y para qué. La respuesta popular era siempre la misma: los Mairuak, los ancestros constructores de tiempos míticos.
Los crómlech de Zuberoa, concentrados especialmente en los puertos de Iraty, Larrau y las altas tierras que bordean el macizo de los Arbailles, tienen características ligeramente diferentes de los del resto del territorio vasco. Son en general más pequeños y menos regulares que los gipuzkoanos o navarros, y su relación con las rutas trashumantes históricas es especialmente estrecha, lo que refuerza la hipótesis de que muchos de ellos fueron erigidos por comunidades pastorales como marcadores permanentes de sus territorios estacionales.
Zuberoa es también el territorio donde el euskera ha conservado su variante más arcaica y diferenciada, el suletino o zuberotar, con rasgos fonológicos y gramaticales que los lingüistas consideran los más cercanos al euskera primitivo. Esta conservación lingüística se corresponde con una conservación cultural más amplia que incluye tradiciones musicales únicas como el xiberotar mascarade, un teatro popular enmascarado que tiene paralelos en los rituales de invierno de todo el Pirineo.
Visitar Zuberoa es también acceder al País Vasco menos transitado y más auténtico en el sentido de que sus tradiciones, tanto las materiales como las inmateriales, han evolucionado a un ritmo más lento que en las zonas más expuestas al turismo y la modernización.