
Montañas de Euskal Herria
Donde los Jentilak construyeron sus monumentos.
— El tiempo en que los Jentilak dominaban la tierra —
Antes de que los humanos pequeños poblaran estas montañas, los Jentilak eran los dueños absolutos de la tierra y el cielo. Gigantes de fuerza descomunal que lanzaban piedras entre montañas como si fueran simples guijarros, construyendo los dólmenes y menhires que aún hoy permanecen en pie.
Los primeros humanos vivían a la sombra de estos colosos, observando con temor reverencial sus hazañas imposibles. Los Jentilak conocían secretos que los mortales apenas podían imaginar: el fuego que no se apaga, el metal que surge de la piedra dura, el grano que crece de la tierra oscura.
Pero llegó el día en que una luz desconocida brilló en el cielo oriental. Los sabios entre los Jentilak reconocieron la señal: su tiempo sobre la tierra había llegado a su fin, y una nueva era estaba a punto de comenzar.
Olentzero permanece en algunas versiones para anunciar el nacimiento de Kixmi. Su figura enlaza el final del tiempo de los gigantes con la Navidad, en la que hoy participa como personaje que trae regalos.

Donde los Jentilak construyeron sus monumentos.

Los monumentos que dejaron los gigantes.
Los jentilak habitan un pasado del cuento en el que pueden mover grandes piedras y realizar trabajos imposibles para los humanos.
Sus obras y sus conocimientos explican de manera legendaria construcciones y técnicas cuyo origen despertaba preguntas.
La aparición de una luz anuncia el final de su tiempo. Los gigantes se retiran y el paisaje conserva las señales de su partida.
Olentzero permanece en algunas versiones para anunciar el nacimiento de Kixmi. Su papel enlaza el cierre del relato con la celebración de Navidad.