Cuevas de Isturitz
Una de las posibles guaridas del temible Tartalo.
— La guarida del cíclope devorador —
La cueva de Tartalo era un lugar de pesadilla. Oscura como la noche más cerrada, apestaba a muerte y huesos podridos. En sus paredes se podían ver las marcas de quienes habían intentado escapar arañando la piedra con sus propias uñas hasta arrancárselas. Era una prisión de la que nadie había regresado jamás.
El gigante bloqueaba la entrada con una roca tan enorme que ningún humano podía moverla, ni siquiera entre veinte hombres. Allí dentro guardaba a sus víctimas como despensa viva, alimentándolas con sobras para mantenerlas con carne. Cada noche elegía a uno para devorarlo mientras los demás escuchaban los gritos desde las sombras.
Solo un joven pastor de Lesaka logró escapar. Cegó al monstruo con un hierro al rojo vivo mientras dormía borracho, y al amanecer, cuando Tartalo abrió la cueva para que saliera su rebaño, el pastor escapó aferrado al vientre del carnero más grande. Desde entonces, dicen que Tartalo brama de rabia en las tormentas, buscando al que le robó la vista.
Las cuevas que se identifican con la morada de Tartalo se encuentran en varios puntos de los Pirineos vascos. Los aldeanos evitaban acercarse a ellas incluso de día, pues decían que el eco de los pasos podía despertar al monstruo ciego, que aún esperaba vengarse del pastor que lo humilló con su astucia.
Una de las posibles guaridas del temible Tartalo.
Tierra del pastor que logró escapar del cíclope.
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