El mundo de la luz
El dominio de Atarrabi, la superficie iluminada por el sol.
— El equilibrio cósmico entre luz y oscuridad —
En la cosmovisión vasca, el mundo no es una lucha entre bien y mal donde uno debe destruir al otro. Atarrabi y Mikelats, los hijos gemelos de Mari, representan las dos caras necesarias de la existencia: no puede haber luz sin oscuridad, ni orden sin caos.
Atarrabi camina por el mundo exterior, enseñando a los humanos y trayendo progreso y civilización. Mikelats permanece en las profundidades de la cueva materna, conteniendo las fuerzas primordiales del caos que, de liberarse, destruirían el equilibrio del cosmos.
Ninguno de los hermanos es completamente bueno ni completamente malo. Atarrabi perdió su sombra al escapar, lo que significa que también él tiene un lado oscuro, aunque lo dejara atrás. Mikelats, encadenado bajo tierra, cumple una función necesaria: su prisión protege al mundo de un poder que, sin control, sería devastador.
Esta dualidad se refleja en toda la naturaleza: día y noche, verano e invierno, vida y muerte. Los vascos entendían que ambos principios eran necesarios para que el mundo funcionara. Destruir uno significaría destruir también al otro.
El dominio de Atarrabi, la superficie iluminada por el sol.
Las profundidades donde Mikelats permanece contenido.