Dormitorios del caserío
Donde los sueños premonitorios visitaban a los durmientes.
— Visiones que anuncian partidas —
Herio tiene la cortesía de avisar antes de visitarte. No siempre en persona: a menudo, su anuncio llega en forma de sueño. Los vascos de antaño prestaban especial atención a las visiones nocturnas, sabiendo que el mundo de los sueños era una puerta al más allá.
Soñar con un familiar vestido de luto, con una casa vacía, con un reloj que se detiene, con un pájaro negro entrando por la ventana... todos son mensajes de Herio. Los viejos sabían interpretar estas señales y prepararse para la despedida. No eran pesadillas, sino advertencias compasivas que daban tiempo para los últimos adioses.
Una anciana de Azpeitia contaba que tres noches antes de la muerte de su madre, soñó que ella le entregaba su delantal. "Cuídalo bien", le dijo en el sueño. Cuando despertó llorando, supo lo que significaba. Tuvo tiempo de despedirse, de decirle todo lo que necesitaba decir. Herio, en su fría amabilidad, le había dado ese regalo.
Los símbolos más comunes en estos sueños eran las velas que se apagaban, las ventanas que se abrían solas, los caminos que se perdían en la niebla, y los difuntos que volvían a aparecer con mensajes crípticos. Quien aprendía a leer estos sueños nunca era sorprendido por la muerte: siempre llegaba preparado para el tránsito.
Donde los sueños premonitorios visitaban a los durmientes.
Hogares donde las familias compartían e interpretaban sus sueños.

