Cuevas del País Vasco
Consideradas entradas al reino subterráneo de Amalur, donde descansan los astros.
— Cómo Amalur creó los astros para iluminar el mundo —
En el principio de los tiempos, cuando el mundo estaba sumido en una oscuridad eterna, los primeros humanos vivían aterrados por las criaturas que acechaban en las tinieblas. Amalur, la Madre Tierra, escuchó sus lamentos y decidió ayudarles.
De su seno profundo, de las entrañas mismas de la tierra, Amalur dio a luz dos seres luminosos: Eguzki, el Sol, y Ilargi, la Luna. Eguzki nació primero, un ser de fuego y luz cegadora que ascendió al cielo rasgando la oscuridad. Las criaturas nocturnas huyeron despavoridas ante su resplandor.
Pero Amalur sabía que los humanos también necesitaban descansar, y que Eguzki no podía brillar eternamente. Así nació Ilargi, la Luna, cuya luz plateada era más suave y permitía el sueño, pero aún mantenía alejados a los peores espíritus. Los hermanos acordaron turnarse: Eguzki gobernaría el día e Ilargi la noche.
Desde entonces, cada amanecer es el reencuentro de Eguzki con el mundo, y cada anochecer su regreso al vientre de Amalur para descansar. Mientras tanto, Ilargi vela por los vivos y guía las almas de los difuntos hacia el mundo subterráneo de la Madre.
Consideradas entradas al reino subterráneo de Amalur, donde descansan los astros.
Por donde Eguzki emerge cada mañana del seno de la Madre Tierra.