Monte Anboto
Destino frecuente de Sugaar, donde se reúne con Mari.
— Avistamientos de Sugaar cruzando el cielo nocturno —
En las noches oscuras de Euskal Herria, cuando las nubes se acumulan sobre las montañas, algunos afortunados —o desafortunados— han visto cruzar el cielo una serpiente de fuego. Es Sugaar, el espíritu serpentino, que viaja entre las cumbres buscando a su consorte Mari.
Los testimonios son consistentes: una línea de fuego rojo y dorado que atraviesa el firmamento, dejando tras de sí una estela luminosa que desaparece en segundos. Algunos lo describen como una bola de fuego; otros, claramente, como una serpiente o dragón alado envuelto en llamas. El fenómeno suele preceder grandes tormentas.
Los baserritarras (habitantes de caseríos) sabían que ver a Sugaar era un presagio: la tormenta que seguiría sería especialmente violenta, pues el dios serpiente iba al encuentro de Mari. Cuando ambos se reunían en las alturas, el cielo se desgarraba con relámpagos y truenos que hacían temblar las montañas.
Algunos ancianos contaban haber visto a Sugaar entrar en cuevas de montaña, desapareciendo bajo tierra con un destello final. Era entonces cuando la tormenta alcanzaba su punto álgido, señal de que los dioses estaban juntos.
Destino frecuente de Sugaar, donde se reúne con Mari.
Otra cumbre donde se observan los vuelos de Sugaar.