El Viernes Sagrado

— Ostirala: el día consagrado al dios del firmamento —


El viernes sagrado

Ficha rápida

  • Lugar: Todo Euskal Herria
  • Nombre en euskera: Ostirala / Ortzirala
  • Seres implicados: Ortzi
  • Motivos: cielo, calendario, culto ancestral
  • Cronología: Origen preindoeuropeo, pervive hoy
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La Leyenda

El viernes, Ostirala en euskera, guarda en su nombre el recuerdo de un antiguo dios casi olvidado. La palabra proviene de Ortzi (cielo, firmamento) y eguna (día): el día del cielo, el día de Ortzi.

En tiempos remotos, antes de que Mari y Sugaar dominaran el panteón vasco, los euskaldunes veneraban a Ortzi como el dios supremo del firmamento. Su voz era el trueno, su mirada el relámpago, su aliento los vientos que recorrían los valles. El viernes era su día sagrado, cuando se le rendían ofrendas y respeto especial.

Aunque el culto a Ortzi se fue diluyendo con el tiempo —absorbido por otras divinidades o por el cristianismo—, su nombre permaneció grabado en el calendario. Cada viernes, sin saberlo, los vascos pronuncian el nombre de este antiguo dios cuando nombran el día de la semana.

Algunos folcloristas creen que ciertas prohibiciones asociadas al viernes —no trabajar ciertas tareas, respetar determinados tabúes— son ecos de aquel antiguo culto. El viernes era un día de poder celestial, y debía tratarse con reverencia.

Lugares asociados

Cumbres de Euskadi

Cumbres de Euskal Herria

Donde Ortzi manifestaba su poder en forma de truenos y relámpagos.

Valles vascos

Los valles

Donde el eco del trueno -la voz de Ortzi- retumbaba.

Criaturas relacionadas

Fuentes y documentación

  • J.M. Barandiaran (1972): Mitología Vasca
  • Luis Michelena: Fonética histórica vasca
  • Estudios etimológicos del euskera

El día de la semana que la tierra reclama como propio

En la tradición vasca popular, y particularmente en las zonas rurales más apartadas, el viernes mantenía una doble carga simbólica que mezclaba la herencia cristiana con restricciones muy anteriores relacionadas con la actividad de ciertos seres y fuerzas del folclore local. Era un día que pedía atención especial en ambos sistemas.

Las lamiak eran especialmente activas los viernes según algunas tradiciones de determinadas zonas. Se las podía ver peinándose al borde de los ríos con mayor frecuencia ese día, y los encuentros de viernes con estas criaturas eran considerados más intensos y de consecuencias más duraderas que los de cualquier otro momento de la semana.

Un día marcado por la abstención y el respeto especial

Las actividades que en otros días de la semana eran perfectamente neutras adquirían el viernes una carga diferente. Clavar un clavo nuevo en la pared del caserío, empezar un tejido desde cero o hacer determinadas tareas de campo eran cosas que muchas ancianas se negaban a hacer en viernes sin explicar exactamente el porqué, solo sabiendo que no debía hacerse.

El viernes sagrado de la tradición vasca popular es uno de esos puntos donde el tiempo se vuelve cualitativamente diferente, donde la misma acción que en lunes resulta completamente inocua adquiere en viernes una resonancia que la hace potencialmente problemática. Esta sensibilidad temporal es una forma de vivir el mundo con mayor textura y atención de la que la modernidad suele permitir.