Cielos de Euskal Herria
El dominio de Ortzi: la bóveda celeste sobre las montañas.
— El antiguo nombre del cielo —

Ortzi (también Urtzi u Ost) es un antiguo nombre del cielo o de una deidad celeste vasco cuya existencia se deduce principalmente de la lingüística. Su nombre pervive en palabras euskéricas que han llegado hasta nuestros días.
"Ostirala" (viernes) contiene su raíz, sugiriendo que ese día estaba dedicado a esta divinidad, como Jueves (Jovis dies) lo está a Júpiter en latín. "Oskarbi" significa cielo despejado, limpio: el cielo de Ortzi en su mejor momento.
Más que un personaje con leyendas propias, Ortzi representa la bóveda celeste y su fuerza primordial. Su voz era el trueno que retumbaba sobre los valles antes de que otros dioses fueran nombrados. Es una presencia antigua, quizá el dios más primitivo de los vascos.
Algunos estudiosos lo relacionan con dioses celestes indoeuropeos como Dyaus Pitar (India) o Júpiter (Roma), lo que sugiere contactos culturales muy antiguos. Su naturaleza exacta sigue siendo objeto de debate entre los mitólogos.
El dominio de Ortzi: la bóveda celeste sobre las montañas.
Las montañas más altas, más cercanas al reino de Ortzi.
Antes de que el panteón cristiano ocupara los altares de Euskal Herria, el firmamento tenía su propio señor. Ortzi era el dios del cielo, del rayo y la tormenta, cuyo nombre sobrevive hoy en palabras cotidianas del euskera que los hablantes pronuncian sin saber que están nombrando a una divinidad ancestral.
Ostadar, el arcoíris en euskera, significa literalmente el arco de Ortzi. Ostegun, el jueves, es el día de Ortzi. Estas palabras son fósiles lingüísticos que guardan dentro de ellas la memoria de una religión completa que la historia oficial olvidó pero el idioma no pudo erradicar del todo.
Esta persistencia del nombre divino en el vocabulario cotidiano es uno de los fenómenos más fascinantes que estudia la mitología comparada. Los dioses no mueren realmente cuando la religión que los sustenta desaparece, sino que se refugian en las palabras del idioma y esperan pacientemente que alguien los reconozca de nuevo.
Ortzi es también la prueba de que el euskera, con su resistencia a la influencia de las lenguas vecinas, ha conservado una memoria cultural de profundidad excepcional. Hablar euskera es, entre otras cosas, mantener vivo un archivo de la cosmovisión más antigua del Occidente europeo sin que nadie lo haya planeado así.