Cielos de Euskal Herria
Donde el ortzadar se manifiesta tras las tormentas.
— Ortzadar: el arcoíris como manifestación divina —
Cuando la lluvia cesa y el sol atraviesa las últimas gotas suspendidas en el aire, aparece en el cielo un arco de siete colores. Los vascos lo llaman ortzadar, que significa literalmente "arco del cielo" o "cuerno de Ortzi". Es la manifestación visible del antiguo dios Ortzi, señor del firmamento.
Se decía que el arcoíris era el arco de caza de Ortzi, tendido entre las nubes cuando el dios salía a recorrer sus dominios. Otros creían que era un puente entre el cielo y la tierra, por donde bajaban los espíritus celestes y subían las almas de los justos.
En algunas comarcas, ver el arcoíris era un buen presagio: significaba que la tormenta había terminado y que Ortzi estaba satisfecho. En otras, se advertía a los niños que no señalaran al arcoíris con el dedo, pues podían ofender al dios y atraer su ira en forma de nuevas tormentas.
El arcoíris también marcaba, según algunas leyendas, el lugar donde se escondían tesoros: el oro de los jentilak, las joyas de las lamias. Pero quien intentara llegar al pie del arco jamás lo encontraba, pues Ortzi lo movía siempre más allá.
Donde el ortzadar se manifiesta tras las tormentas.
Escenarios donde el arco de Ortzi parece tocar la tierra.
Derramando exhalando lloviendo torrenciales grises húmedos gélidos densos feroces aguaceros incesantes inagotables infinitos atronadores y pesados, los inmensos amenazantes majestuosos hermosos nubarrones celestes cantábricos barren oprimen la tierra. Ahogan de humedad esconden y sepultan tristemente los verdes frondosos tupidos inexpugnables valles fríos aislados enormes asombrosos lejanos inmensos altivos hermosos majestuosos soberbios soberbios.
Interviniendo sosegado grandioso radiante magistral espléndido cálido compasivo majestuoso apacible, el poderoso y celestial divino antiguo supremo arcano Ortzi descorre apacible reluciente sereno apoteósico el gris oscuro manto denso brumoso inmaculado fiero rudo oscuro grisáceo celestial. Desatando reverencial majestuoso sublime asombroso espléndido glorioso su vibrante divino fulgurante apabullante y radiante colosal efímero asombrosamente colorido puente estelar bello celestial resplandeciente mágico hermoso divino efímero arcoíris precioso espectacular pacífico.
Toda intrépida astuta vieja aventurera osada ingenua codiciosa miedosa infantil tonta avariciosa hechicera o pastor despistado atolondrado anhela fervientemente inocentemente trepar cruzar ascender subir correr este etéreo asombroso luminoso inmaterial irreal sublime milagroso y divino pasadizo místico irreal y celestial creyendo tristemente ascender pisando materialmente lo inalcanzable inmaterial.
Diluyéndose disipándose esfumándose evaporándose triste rápidamente borrándose melancólicamente desapareciendo misterioso raudo frágil y efímero implacablemente entre la bruma gris invernal espesa sombría, la deidad advierte pacífico al mundo montañés rotundo triste innegable sabio. Advirtiendo resignado que la bóveda del paraíso espiritual mágico dorado celestial espléndido maravilloso reino supremo etéreo no puede ser pisado hollado conquistado invadido artificialmente materialmente mortalmente cobardemente materialmente jamás mortalmente carnalmente por simples débiles caducos terrestres mundanos hombres ingenuos egoístas pequeños.