Selva de Irati
Un paisaje de bosque que sirve de escenario a los relatos de Basandere.
— La señora de las criaturas del bosque —
Dicen los ancianos que en lo más profundo del bosque, donde la luz del sol apenas penetra y el musgo cubre las piedras centenarias, vive Basandere, la Señora Salvaje. Es la compañera del Basajaun, pero mientras él protege los rebaños de los pastores, ella cuida de las criaturas salvajes que jamás conocerán dueño.
Su cabello dorado brilla como el sol de otoño, tan largo que barre el suelo del bosque cuando camina. Los ciervos comen de su mano, los lobos la siguen como perros fieles, y hasta las serpientes se apartan para dejarla pasar. Ningún animal salvaje la teme, porque ella es su madre, su guardiana, su vínculo con lo sagrado.
Un cazador que se adentró demasiado en el bosque la vio una vez, bañándose en un arroyo cristalino. Quedó tan hechizado por su belleza sobrenatural que olvidó el camino de vuelta. Vagó tres días y tres noches, siguiendo el eco de su risa entre los árboles, hasta que ella tuvo piedad y lo guio a la linde del bosque.
Desde entonces, el cazador nunca más levantó su arco contra ningún animal. Decía que había visto en los ojos de Basandere el alma de todas las criaturas del bosque, y que matarlas era como matar una parte de ella. Murió viejo y en paz, rodeado de gatos y perros que nunca abandonaron su lado.
Un paisaje de bosque que sirve de escenario a los relatos de Basandere.
Bosques sagrados asociados a la Señora Salvaje.
Basandere aparece en el relato como una mujer vinculada al bosque y a los animales que viven en él.
El cazador la encuentra junto al agua y queda atrapado en una experiencia que altera su percepción del tiempo y del camino.
Cuando logra regresar, el encuentro ha cambiado su relación con el monte. Ya no contempla a sus habitantes como simples presas.
La historia da a Basandere una presencia propia. Su papel aquí no corresponde al de Mari como señora de las tormentas.