Cuevas de Zugarramurdi
Escenario legendario de aquelarres presididos por Akerbeltz.
— De protector del hogar a figura demoníaca —
Durante siglos, Akerbeltz fue simplemente el espíritu protector del ganado y los caseríos vascos. Un numen benéfico, respetado por los baserritarras que mantenían machos cabríos negros para canalizar su protección. Pero la llegada de la Inquisición cambió su imagen para siempre.
Los inquisidores, buscando rastros de herejía y brujería en Euskal Herria, encontraron las costumbres relacionadas con el macho cabrío negro. Para ellos, este animal —asociado en otras tradiciones europeas al demonio— era prueba de prácticas satánicas. Los aquelarres, según los procesos, estaban presididos por un gran macho cabrío negro: el Diablo en persona.
Así, Akerbeltz sufrió una transformación forzada. De espíritu protector pasó a ser considerado manifestación demoníaca. Las mujeres que conocían los rituales tradicionales fueron acusadas de brujas. El célebre Auto de Fe de Logroño (1610) y los procesos de Zugarramurdi son ejemplos trágicos de esta persecución.
Sin embargo, en el imaginario popular vasco, Akerbeltz mantuvo su dualidad: era temido públicamente para evitar conflictos con la Iglesia, pero seguía siendo venerado en secreto como protector. Esta doble cara —benéfica y maligna— pervive hasta hoy en las leyendas que lo mencionan.
Escenario legendario de aquelarres presididos por Akerbeltz.
Donde Akerbeltz seguía siendo venerado en secreto.