Valle de Muxika
Localidad en la que esta recreación sitúa los dos robles que dan nombre al cuento.
— Robles sagrados de juramentos —

Esta recreación sitúa en Muxika dos robles llamados Peru y Mari. Sus ramas ofrecen un lugar solemne donde los vecinos pronuncian acuerdos y promesas que desean recordar.
Los árboles funcionan como testigos dentro del cuento. Su permanencia contrasta con la facilidad de olvidar una palabra dada, sin que la narración les atribuya una autoridad jurídica documentada.
Quien incumple la promesa teme haber roto algo más que un acuerdo privado. El relato expresa esa preocupación mediante consecuencias sobrenaturales, no como una explicación de enfermedades o pérdidas reales.
La escena puede ponerse en relación con el valor simbólico del roble y con árboles de asamblea conocidos, como el de Gernika. Esa comparación no demuestra que todos tuvieran la misma función ni la misma creencia asociada.
Localidad en la que esta recreación sitúa los dos robles que dan nombre al cuento.
Villa donde se encuentra el roble sagrado más famoso de Euskal Herria.
Esta narración presenta a Peru y Mari como dos robles ante los que los vecinos solemnizan sus promesas.
Los árboles ofrecen una imagen duradera frente a la fragilidad de la palabra humana. Su presencia recuerda lo que se acordó.
El incumplimiento tiene consecuencias dentro del cuento, que convierte el paisaje en testigo de la conducta de los personajes.
La escena es una recreación sobre el valor de los pactos. No acredita que unos robles concretos ejercieran funciones jurídicas ni que todos compartieran ese rito.