
Bosques de Oiartzun
Donde el cazador recibió su castigo.
— Basandere castiga a quienes causan dolor innecesario —
Basandere es la guardiana de todas las criaturas del bosque. Los ciervos, los jabalíes, los zorros y hasta los más pequeños ratones están bajo su protección eterna. Ella permite la caza justa, la que se hace por necesidad, pero castiga sin piedad a quienes matan por puro placer.
Un cazador de la comarca de Oiartzun era conocido en toda la región por su crueldad extrema. No le bastaba con matar; disfrutaba haciendo sufrir a los animales antes de rematarlos, prolongando su agonía por diversión. Una noche, mientras dormía en su cabaña, sintió una presencia junto a su cama.
Abrió los ojos y vio a una mujer de belleza terrible, con ojos que brillaban en la oscuridad como los de un lobo hambriento. "Has causado dolor innecesario", susurró ella con voz que helaba la sangre. "Ahora conocerás el mismo dolor que has infligido".
A partir de esa noche fatídica, el cazador sentía en su propio cuerpo cada herida que infligía a cualquier animal. Un simple rasguño a una liebre le causaba un dolor insoportable. No murió nunca, pero vivió el resto de sus días incapaz de hacer daño a ninguna criatura viviente, convertido en ejemplo para todos.

Donde el cazador recibió su castigo.

Territorios bajo la guardia de Basandere.
En la complejísima y rica red de relaciones que los pastores vascos mantenían con el señor del bosque, una de las más documentadas es la de la protección del rebaño. El Basajaun, pese a su aspecto intimidante y su temperamento huraño, ejercía espontáneamente de guarda nocturno de los animales domésticos cuando sus pastores dormían.
Los lobos que frecuentaban los mismos pastos se alejaban sistemáticamente cuando el Basajaun rondaba el perímetro del rebaño. Su presencia, aunque nunca visible directamente, se hacía notar por el silbido que emitía al detectar a los predadores y por el movimiento nervioso de los animales que lo anunciaba antes de que él mismo apareciera.
Los pastores más sabios sabían que este servicio no era gratuito aunque tampoco se pedía explícitamente. Dejar cada mañana una ración del primer ordeño en el lugar señalado, sin mirar si era recogida y sin hablar de ello con extraños, mantenía el acuerdo vigente sin necesidad de ninguna negociación verbal.
Esta protección mutua entre el señor silvano y los humanos que trabajaban los márgenes de su bosque describe un equilibrio ecológico y espiritual que ninguna frontera física podría mantener por sí sola. El Basajaun entiende el territorio como un conjunto y cuida de todos sus habitantes, incluidos los bípedos que duermen en sus bordas de monte.