
Selva de Irati
El hogar ancestral de los Basajaun.
— Los guardianes del bosque en los relatos de Irati —
La selva de Irati, con sus hayedos y abetales, ofrece el escenario de esta historia del Basajaun. Entre árboles y barrancos, el señor del bosque conoce lugares que los visitantes apenas pueden distinguir.
Los pastores que llevaban sus rebaños a los pastos cercanos a la selva escuchaban sus silbidos característicos comunicándose entre las copas de los árboles. Un silbido largo significaba tormenta próxima; dos cortos, lobos cerca del ganado; tres rápidos, humanos aproximándose al territorio sagrado.
En la narración, los pastores interpretan ciertos silbidos como avisos de la cercanía de Basajaun. Las señales expresan su relación con el rebaño, sin formar un código fijo que deba atribuirse a toda la tradición.
Algunos afortunados aseguran haber visto a parejas de Basajaun con sus crías, pequeños gigantes peludos que jugaban entre los helechos gigantes. Cualquiera que respetara la selva era tolerado en sus límites. Pero quien talara árboles sin permiso o matara animales por diversión era perseguido hasta los confines del bosque, donde los silbidos de advertencia resonaban como amenazas terribles.

El hogar ancestral de los Basajaun.

Donde los pastores escuchaban los silbidos.
Los hayedos de Irati sirven de escenario a este relato de Basajaun. Su presencia convierte el bosque en un territorio habitado por fuerzas desconocidas.
El señor del bosque protege a los animales y conoce los caminos de la espesura. Los pastores interpretan sus señales dentro del cuento como avisos de su cercanía.
La ofrenda del pastor reconoce la ayuda recibida. El alimento compartido expresa el deseo de mantener una relación pacífica con el habitante del monte.
El acuerdo permite imaginar la convivencia entre la aldea y el bosque, sin convertir sus gestos en un rito uniforme de todos los pastores.