
Ferias y mercados
Donde las brujas vendían los alfileres.
— El objeto mágico donde habitan los Galtzagorriak —
Dicen que los Galtzagorriak pueden comprarse en ciertas ferias secretas, vendidos por brujas ancianas que conocen los viejos rituales. El objeto mágico que los contiene es, curiosamente, algo tan mundano como un simple alfiler.
Pero el alfiler debe ser de oro puro, y ha de ser pinchado tres veces en la piel del comprador para sellarlo con su propia sangre. Una vez hecho este ritual, los diablillos rojos habitan en el alfiler y obedecen a su dueño... pero solo hasta cierto punto.
Porque los Galtzagorriak son sirvientes terriblemente inquietos. Deben estar siempre ocupados con alguna tarea. Si el dueño se queda sin órdenes que darles, empiezan a causar desastres: derriban paredes, envenenan pozos, incendian establos sin motivo aparente.
Muchos que compraron el alfiler terminaron arruinados, incapaces de inventar tareas imposibles lo suficientemente rápido para satisfacerlos. El último recurso era ordenarles "traer agua con un cesto de mimbre", tarea imposible que los mantenía ocupados eternamente intentándola sin éxito.

Donde las brujas vendían los alfileres.

Donde se guardaban los alfileres heredados.
Engalanada finamente con hermosas trenzas imposibles apareció la bella doncella junto a la fría fuente cristalina. Allí descubrió de forma sutil a la misteriosa lamia acuática hermosa descansando serena tras haber extraviado trágicamente su valioso pincho brillante reluciente del largo cabello dorado.
La honrada y gentil aldeana recuperó pacientemente el extraviado elemento precioso devolviéndoselo sonriente reverencial a la señora del bosque. Complacida eternamente por la insólita honradez humana inquebrantable, la deidad le concedió misteriosamente que toda labor iniciada noblemente por ella misma jamás concluiría trunca.
Aprovechando gozosamente esta bendita gracia, la bondadosa chica comenzó a tejer un ovillo de lino inmaculado mágico y descubrió extasiada atónita cómo este crecía milagrosamente inagotable enriqueciendo rápidamente a su amada familia labradora navarra sacándola de su enorme desdicha invernal miserable.
Sin embargo la oscura y ruin envidia asomó perversa inevitablemente desde la recelosa vecina espiadora envidiosa. Imitando astutamente a la joven robó ella misma un enser a la deidad para obtener un milagro divino, lo cual encolerizó inmensamente a la divinidad fluvial castigando letal a la ladrona con desgracia perpetua en su triste hogar oscuro.