Costa de Bizkaia
Donde se localizan muchas historias de Galtzagorriak.
— Los contenedores de los sirvientes rojos —
Los Galtzagorriak pueden guardarse en cajas, bolsas o cualquier recipiente sellado con las palabras adecuadas. Allí dentro esperan dormidos, inmóviles como piedras, hasta que su dueño los llama pronunciando las palabras de comando. Pero el recipiente debe estar siempre cerrado cuando no se usan.
Estas cajas pasaban de generación en generación como herencia familiar. Un padre podía legar sus Galtzagorriak a su hijo favorito, junto con las instrucciones precisas de uso y las palabras secretas de comando. Era una herencia valiosa pero terriblemente peligrosa para quien no supiera manejarla.
La familia conservaba la caja cerrada porque todos temían despertar a los seres de su interior. Con el paso de las generaciones, la advertencia sobrevivió, aunque se perdió la explicación de cómo tratarlos.
Un día, un nieto curioso rompió el sello sin hacer caso de las advertencias. Dicen que encontró la caja vacía... pero que desde aquella noche, cosas inexplicables empezaron a ocurrir en el pueblo vecino. Los Galtzagorriak habían escapado, y nadie sabe ahora a quién sirven ni qué travesuras planean.
Donde se localizan muchas historias de Galtzagorriak.
Donde las cajas pasan de generación en generación.
La pequeña caja pasa de una generación a otra junto con la advertencia de mantenerla cerrada y respetar su secreto.
Su contenido promete una ayuda extraordinaria, pero la familia teme las consecuencias de despertar a los seres que guarda.
Cuando el heredero la abre, la aparente ausencia de los diablillos no resuelve el misterio. Los sucesos posteriores prolongan la incertidumbre.
El objeto concentra el conflicto del cuento: recibir una herencia no significa comprenderla ni conocer las obligaciones que la acompañan.