La Locura de los Diablillos

— El precio de tener sirvientes que nunca descansan —


Galtzagorriak, diablillos rojos

Ficha rápida

  • • Lugar:Caseríos de Euskal Herria
  • • Nombre en euskera:Deabruak zoratu
  • • Seres implicados:Galtzagorriak, comerciante
  • • Motivos:trabajo, pacto, locura, codicia
  • • Cronología:Tradición oral familiar
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La Leyenda

Los Galtzagorriak son sirvientes perfectos: trabajan sin descanso, no comen, no duermen, y completan cualquier tarea en un abrir y cerrar de ojos. Pero hay una condición terrible que pocos conocen: nunca pueden quedarse ociosos. Si no tienen trabajo que hacer, se vuelven contra su propio amo.

Un comerciante codicioso invocó a los Galtzagorriak para hacerse rico rápidamente. Al principio todo iba de maravilla: sus campos se araban solos antes del amanecer, su ganado engordaba sin esfuerzo alguno, su casa brillaba como un espejo. Pero pronto se quedó sin tareas que encomendarles.

El mercader les ordenó tareas cada vez más laboriosas: contar los árboles del bosque, ordenar montones de grano y trasladar piedras de un extremo del valle al otro. Los diablillos terminaban pronto y volvían a pedir trabajo. La riqueza ya no le dejaba descansar.

Finalmente, enloquecido por las voces incesantes que no le dejaban dormir ni pensar, el hombre huyó de su propia casa abandonando toda su riqueza. Dejó a los diablillos encerrados para siempre en el desván, donde dicen que aún hoy se escuchan sus voces reclamando trabajo.

Lugares asociados

Caseríos abandonados

Caseríos abandonados

Donde quedaron encerrados los Galtzagorriak.

Desvanes oscuros

Desvanes y sótanos

Donde se escuchan sus voces incesantes.

Criaturas relacionadas

Fuentes y documentación

  • J.M. Barandiaran (1972): Mitología Vasca
  • R.M. de Azkue: Euskalerriaren Yakintza
  • Tradición oral de Bizkaia

Los ayudantes que nunca descansan

Los Galtzagorriak cumplen las órdenes del mercader con una rapidez que al principio parece resolver todos sus problemas.

Cada tarea terminada provoca una nueva exigencia. El dueño descubre que disponer de ayudantes incansables también lo obliga a mantenerse ocupado.

Una riqueza difícil de controlar

Las órdenes se vuelven cada vez más complicadas, pero ninguna faena corriente consigue devolverle el descanso.

La huida del dueño invierte el sentido del regalo: la riqueza deseada termina siendo una carga de la que necesita desprenderse.