
Caseríos abandonados
Donde quedaron encerrados los Galtzagorriak.
— El precio de tener sirvientes que nunca descansan —
Los Galtzagorriak son sirvientes perfectos: trabajan sin descanso, no comen, no duermen, y completan cualquier tarea en un abrir y cerrar de ojos. Pero hay una condición terrible que pocos conocen: nunca pueden quedarse ociosos. Si no tienen trabajo que hacer, se vuelven contra su propio amo.
Un comerciante codicioso invocó a los Galtzagorriak para hacerse rico rápidamente. Al principio todo iba de maravilla: sus campos se araban solos antes del amanecer, su ganado engordaba sin esfuerzo alguno, su casa brillaba como un espejo. Pero pronto se quedó sin tareas que encomendarles.
"¡Trabajo! ¡Trabajo!" exigían las vocecillas, día y noche, sin descanso ni piedad. El comerciante desesperado les ordenaba tareas absurdas e imposibles: contar todas las hojas de los árboles del bosque, vaciar el mar con un dedal. Pero siempre terminaban demasiado rápido, y las voces volvían más insistentes.
Finalmente, enloquecido por las voces incesantes que no le dejaban dormir ni pensar, el hombre huyó de su propia casa abandonando toda su riqueza. Dejó a los diablillos encerrados para siempre en el desván, donde dicen que aún hoy se escuchan sus voces reclamando trabajo.

Donde quedaron encerrados los Galtzagorriak.

Donde se escuchan sus voces incesantes.
