
Aralar y Urbasa
Donde los Intxixu hacen sus bromas.
— Cuando los Intxixu deciden divertirse a costa de los viajeros —
En este cuento, los Intxixu se divierten alterando la vida de quienes atraviesan el monte. Sus bromas cambian caminos, esconden objetos y hacen que un lugar conocido parezca de pronto extraño.
Un carbonero de Aralar juraba que los Intxixu habían movido su cabaña veinte metros montaña arriba mientras dormía profundamente. Un pastor de Urbasa contaba que le habían atado todas las ovejas entre sí por la lana en una sola noche. Un cazador de Gorbea aseguraba que le habían cambiado las balas por bellotas.
La broma más célebre ocurrió en Oiartzun, donde los Intxixu hicieron que toda una comitiva nupcial caminara en círculos durante horas interminables, pasando una y otra vez por el mismo cruce sin darse cuenta de nada, hasta que llegaron a la iglesia cuando el cura ya había cerrado las puertas.
La historia de unos invitados que no consiguen llegar a una boda prolonga esa burla. Los remedios que intentan pertenecen a esta versión del cuento y no a una regla seguida en todas las bodas de la comarca.

Donde los Intxixu hacen sus bromas.

Senderos donde los viajeros se desorientan.
Los Intxixu confunden a los caminantes con ruidos, objetos cambiados de sitio y senderos que parecen repetirse.
Sus bromas alteran tareas sencillas: regresar a una cabaña, reunir el rebaño o llegar a tiempo a una celebración.
El miedo nace de reconocer el lugar y, al mismo tiempo, no poder orientarse en él. Lo familiar se vuelve extraño.
El relato atribuye esas situaciones a seres burlones. Sus reglas y sus remedios pertenecen al cuento, no a una costumbre universal.