Cuevas funerarias
Lugares de enterramiento y tránsito hacia el mundo subterráneo.
— El viaje de las almas de vuelta al seno de Amalur —
Para los antiguos vascos, la muerte no era un fin sino un regreso. Así como el Sol desciende cada noche al interior de la tierra y renace cada mañana, las almas humanas vuelven al seno de Amalur cuando abandonan sus cuerpos.
La Luna (Ilargi) guía a los difuntos en este viaje nocturno. Su nombre mismo significa "luz de los muertos" en euskera antiguo. Bajo su resplandor plateado, las almas emprenden el camino hacia las cuevas, las simas, los manantiales: todas las entradas al mundo subterráneo de la Madre Tierra.
En el interior de Amalur, las almas descansan junto a los ancestros. No es un lugar de castigo ni de premio como el infierno o el cielo cristianos, sino un espacio de paz y regeneración. Allí esperan hasta que la tierra vuelva a necesitarlas, y entonces renacen en nuevas formas: un árbol, un animal, otro ser humano.
Por esta razón, los vascos enterraban a sus muertos cerca del hogar o en el suelo de las casas: para mantenerlos cerca de la familia y facilitar su camino hacia Amalur. Los cementerios se situaban cerca de cuevas o manantiales, puntos de contacto con el mundo subterráneo.
Lugares de enterramiento y tránsito hacia el mundo subterráneo.
Los antiguos "asientos" en las iglesias donde se recordaba a los difuntos.