Cuevas de Isturitz
Habitadas desde el Paleolítico, guardan secretos de miles de años.
— Puertas al mundo subterráneo de Amalur —
Las cuevas son cavidades naturales y, al mismo tiempo, escenarios de numerosos relatos. Su oscuridad y su profundidad permiten imaginar un paso hacia un mundo oculto bajo la tierra.
Las moradas de Mari reúnen tesoros y normas que el visitante debe respetar. La entrada introduce al protagonista en un espacio donde no puede actuar como dueño de lo que encuentra.
Otros cuentos hablan de túneles que enlazan montañas o de riquezas protegidas por guardianes. Esas conexiones pertenecen a la geografía de la leyenda, no a un mapa comprobado de galerías subterráneas.
Las ofrendas y los gestos de respeto descritos varían entre relatos. Su presencia no convierte todas las cuevas en santuarios de un mismo culto ni demuestra que compartieran las mismas ceremonias.
Muchas leyendas sitúan a sus personajes en cuevas. La oscuridad y la profundidad permiten imaginar un mundo oculto bajo el paisaje conocido.
Las moradas de Mari reúnen riquezas, poderes y normas que el visitante debe respetar si quiere abandonar la cavidad.
Los relatos de galerías que unen montañas prolongan ese mundo invisible más allá de la entrada de cada cueva.
Estas conexiones pertenecen a la imaginación legendaria. La forma real de las cavidades se estudia mediante la geología y la exploración.