
Sierra de Aralar
Donde Herensuge tenía su cueva.
— El terrible precio que Herensuge cobraba a los pueblos —
Herensuge, el dragón de siete cabezas, había impuesto un tributo terrible a los pueblos de la sierra de Aralar. Cada luna nueva, una doncella debía ser entregada a la bestia, o sus siete fauces arrasarían campos, ganado y aldeas enteras con su aliento de fuego destructor.
Los pueblos obedecían aterrorizados, sorteando qué familia debía entregar a su hija. Las madres lloraban durante semanas antes del sortee fatal. Los padres afilaban espadas que sabían inútiles. Y cada luna, una joven subía la montaña sola para no volver jamás.
Esto continuó durante generaciones hasta que un día le tocó a la hija del señor más poderoso de toda la comarca. Entonces, por fin, se buscó un campeón capaz de enfrentar al monstruo. San Miguel bajó del cielo armado con su espada flamígera.
Tras una batalla que duró siete días y siete noches, el arcángel cortó las siete cabezas del dragón una por una. La tierra quedó liberada de su yugo para siempre, y donde cayó el dragón se erigió el santuario de San Miguel de Aralar, que aún hoy corona la sierra.

Donde Herensuge tenía su cueva.

Erigido donde cayó el dragón.