
Sierra de Aralar
Donde Herensuge tenía su cueva.
— El terrible precio que Herensuge cobraba a los pueblos —
Herensuge, el dragón de siete cabezas, había impuesto un tributo terrible a los pueblos de la sierra de Aralar. Cada luna nueva, una doncella debía ser entregada a la bestia, o sus siete fauces arrasarían campos, ganado y aldeas enteras con su aliento de fuego destructor.
Cada familia temía el momento del sorteo que decidiría a quién entregar al dragón. El tributo mantenía sometida a la comunidad y hacía que la amenaza alcanzara incluso a quienes no se acercaban a la cueva.
Esto continuó durante generaciones hasta que un día le tocó a la hija del señor más poderoso de toda la comarca. Entonces, por fin, se buscó un campeón capaz de enfrentar al monstruo. San Miguel bajó del cielo armado con su espada flamígera.
La intervención de San Miguel terminó con el tributo y liberó al valle dentro de la leyenda. La historia pertenece al motivo del héroe frente al dragón, sin demostrar una práctica real de sacrificios humanos en Aralar.
Herensuge obliga al valle a entregar a una joven como tributo. La amenaza convierte el miedo al monstruo en una obligación colectiva.
El sorteo expresa la indefensión de las familias, incapaces de garantizar la seguridad de sus hijas frente a ese poder.
La intervención de San Miguel rompe el acuerdo impuesto y termina con la violencia que mantenía sometida a la comunidad.
El relato pertenece al motivo legendario del dragón y el sacrificio. No acredita una práctica histórica de tributos humanos en Aralar.