San Miguel de Aralar
El santuario erigido donde San Miguel venció al dragón.
— La batalla del arcángel contra Herensuge —
En los tiempos oscuros, antes de que la fe llegara a las montañas de Euskal Herria, un terror de siete cabezas reinaba en las profundidades de Aralar. Herensuge, el dragón de aliento de fuego, exigía tributo de doncellas a los pueblos aterrorizados. Cada luna llena, una joven era conducida a la boca de su cueva, y ninguna regresaba jamás.
Los huesos de las víctimas blanqueaban la entrada de su guarida. Los guerreros más valientes habían intentado darle muerte, pero sus espadas se derretían con el aliento del monstruo y sus escudos se hacían cenizas. Herensuge parecía invencible, y el pueblo perdía la esperanza.
Entonces descendió San Miguel Arcángel, el capitán de las huestes celestiales, armado con espada de luz pura y escudo forjado en los cielos. La batalla duró tres días y tres noches. El dragón lanzaba fuego desde sus siete fauces, pero el arcángel esquivaba cada ataque con la velocidad del rayo.
Al tercer amanecer, San Miguel cortó una a una las siete cabezas del monstruo. Cuando cayó la última, la tierra tembló y las cuevas se derrumbaron sobre los huesos del dragón. En el lugar de la victoria se erigió el santuario de San Miguel de Aralar, donde hasta hoy los vascos veneran al arcángel que los liberó del mal primordial.
La leyenda de San Miguel matando al dragón tiene en el santuario de Aralar, en Navarra, una versión vasca que la hace especialmente poderosa. El caballero Teodosio de Goñi, perseguido por las cadenas de su penitencia y amenazado por la serpiente gigante Herensuge, invocó al arcángel en ese lugar y fue milagrosamente liberado de ambas cargas.
El santuario que se construyó en Aralar para conmemorar el milagro es uno de los más antiguos y visitados del País Vasco. Su posición en lo alto de la sierra, entre nubes y praderas de alta montaña, le da una atmósfera que los peregrinos sienten como especialmente receptiva a lo numinoso, sea cual sea la tradición desde la que se acerquen.
El Herensuge de esta leyenda es el mismo dragón que en otras versiones mitológicas vascas funge como mensajero de Sugaar, la serpiente del subsuelo. La identificación del dragón pagano con el demonio cristiano fue un proceso de siglos de supresición gradual de una entidad que en su origen no era netamente maligna sino simplemente poderosa.
Que San Miguel haya elegido Aralar para su victoria sobre la serpiente dice algo sobre lo que ese lugar representaba antes que llegara el Arcángel. Los lugares de poder sobrenatural no se crean desde cero sino que se reapropian, y Aralar era sin duda uno de ellos mucho antes de que la iconografía alada del guerrero celestial se instalara en su cumbre.