San Miguel de Aralar
El santuario erigido donde San Miguel venció al dragón.
— La batalla del arcángel contra Herensuge —
En los tiempos oscuros, antes de que la fe llegara a las montañas de Euskal Herria, un terror de siete cabezas reinaba en las profundidades de Aralar. Herensuge, el dragón de aliento de fuego, exigía tributo de doncellas a los pueblos aterrorizados. Cada luna llena, una joven era conducida a la boca de su cueva, y ninguna regresaba jamás.
Los huesos de las víctimas blanqueaban la entrada de su guarida. Los guerreros más valientes habían intentado darle muerte, pero sus espadas se derretían con el aliento del monstruo y sus escudos se hacían cenizas. Herensuge parecía invencible, y el pueblo perdía la esperanza.
Entonces descendió San Miguel Arcángel, el capitán de las huestes celestiales, armado con espada de luz pura y escudo forjado en los cielos. La batalla duró tres días y tres noches. El dragón lanzaba fuego desde sus siete fauces, pero el arcángel esquivaba cada ataque con la velocidad del rayo.
Al tercer amanecer, San Miguel cortó una a una las siete cabezas del monstruo. Cuando cayó la última, la tierra tembló y las cuevas se derrumbaron sobre los huesos del dragón. En el lugar de la victoria se erigió el santuario de San Miguel de Aralar, donde hasta hoy los vascos veneran al arcángel que los liberó del mal primordial.
El santuario erigido donde San Miguel venció al dragón.
Las montañas donde Herensuge tenía su guarida.